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IDEAS

Imagen promocional de Mamma mia! Una y otra vez

Hasta luego, placer culpable

Desirée De Fez

No creo en los guilty pleasures porque me niego a sentirme culpable porque me guste una película, sobre todo porque, no olvidemos, cuando eso pasa es maravilloso. Esto viene a cuento de que, hace unos días, me pidieron en la radio que pensara en dos placeres cinematográficos culpables de cara al próximo programa. Es una propuesta estupenda, eso es innegable. Es estupenda porque invita a la confesión, al juego y a la guasa. También porque es una bonita manera de descubrir más cosas sobre mis colegas. Y lo es, sobre todo, porque está predestinada a convertir en protagonistas de la velada a una serie de películas que muy probablemente hayan sido ignoradas, menospreciadas o directamente despreciadas.

Con el 'guilty pleasure' no conecto, supongo que porque mi acercamiento a las películas nunca ha sido ni esnob ni excluyente ni cínico

Pensé de inmediato en algunas debilidades que podían ajustarse a esa petición. Dirty dancing (1987), película cuya reivindicación es muy reciente (esto va así: hace diez años no eras tan guay si decías que te gustaba), Cocktail (1988), The holiday (Vacaciones) (2006)… Estas tres podían servir. Pero al rato pensé: culpable, lo que se dice culpable, por ser fan de esas películas no me siento. Me encantan, como he confesado muchas veces en estas columnas, las etiquetas para hablar y escribir sobre cine. Son útiles para llamar la atención sobre determinados filmes, tendencias o movimientos.

Pero con la del guilty pleasure (placer culpable) no conecto, supongo que porque mi acercamiento a las películas nunca ha sido ni esnob, ni excluyente, ni cínico. Tampoco lo es el de la gente a la que más admiro. No me siento culpable cuando me gusta una película que tiene muchos detractores, es motivo de cachondeo o, directamente, detesta (casi) todo el mundo. No me pasa, por supuesto, cuando veo en ella cosas maravillosas, cuando tengo mil razones para defenderla: este viernes se estrena Mamma mia! Una y otra vez (2018) y me gusta tanto (y considero que tiene tantas cosas buenas) como la primera. Pero tampoco me sucede cuando soy totalmente consciente de que una película que me encanta es bastante terrible. Me hace feliz que así sea… aunque lo pase fatal cuando me toca escribir sobre ella. 

Temas: Cine