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Dos miradas

El fascismo está aquí y ya no tiene vergüenza; solo le detiene, como ha pasado siempre, un grupo de ardidos combatientes sin miedo

Las imágenes que ha colgado Proactiva Open Arms -el niño y la mujer ahogados, cuerpos inertes sobre los restos del naufragio– provocan el mismo efecto que aquella que fue un símbolo de la ignominia, hace tres años, la de Aylan Kurdi, que yacía boca abajo en la playa de la isla griega de Kos. "¿Cuánto tiempo" - se preguntaba Òscar Camps - "tendremos que lidiar con los asesinos alistados por el Gobierno italiano para matar?". El resumen de una tragedia: lanchas libias que no tienen ningún respeto por la vida humana y que, con el visto bueno (y el dinero) del Ejecutivo italiano, pasan por encima de las normas más elementales, de la tierra y del mar. Pero quizá todavía hay algo peor: la reacción de Matteo Salvini, el líder de la Lega y ministro del Interior que, a base de acciones, de políticas y de tuits, se ha convertido en la cara visible de la represión que se impone en Europa.

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Ante la negativa de acoger a los cadáveres, proclama con sarcasmo: "puertos cerrados, corazones abiertos". Cuando Saviano le reprocha: "¿qué clase de placer le proporciona ver a niños muertos en el mar, ministro de la Mala Vida?", él ejerce, altivo, el desprecio y la venganza. Y cuando habla de las oenegés, "con su carga de seres humanos", les reprocha que gasten inútilmente tiempo y dinero y que solo verán los puertos italianos "en una postal". El fascismo está aquí y ya no tiene vergüenza; solo le detiene, como ha pasado siempre, un grupo de intrépidos combatientes sin miedo.

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