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50 años de un final de época

Los otros 68

MONRA

Los otros 68

Francisco Veiga

La enorme confusión entre lo progre y lo facha que impera hoy tiene, en parte, sus raíces en la ultraderecha antisistema surgida en la revuelta de París

Mayo del 68 no fue únicamente una explosión juvenil de revuelta, acaecida en Paris durante ese mes. Fue su culminación más visible, en el escenario de una grandiosa ciudad monumental y  revolucionaria. Pero fue, sobre todo, un fenómeno mediático: la televisión, fenómeno aún reciente, ofreció al mundo un cóctel que incluía las revueltas contra la guerra del Vietnam en los Estados Unidos, la intervención soviética en Checoslovaquia con la protesta cívica consiguiente, la Revolución Cultural china; y el mundo parecía próximo a explotar.

Sin embargo, había en el 68 un final de época que podemos reconocer como similar al que vivimos en nuestros días. Una canción bastante olvidada del grupo Crosby, Stills, Nash & Young, titulada 'Chicago', versa sobre la Convención Nacional del Partido Demócrata, que por entonces iba a la deriva, debido a la decisión de Lyndon B. Johnson de implicarse en la guerra del Vietnam. Entre los debates sobre la necesidad de renovar el partido y la protesta juvenil contra la escalada militar, estalló una manifestación violentamente reprimida que terminó de destruir la imagen progresista y hasta buenista de un partido cuyos símbolos históricos habían sido los presidentes Roosevelt –el doble vencedor de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial- y John Fitzgerald Kennedy, asesinado cinco años antes. “No le pidas a Jack que te ayude / Hará oídos sordos”, se cantaba  en 'Chicago'. Confesión completa de la desilusión ante el otrora idolatrado Jack, el presidente asesinado,  bajo cuyo apodo se designaba también al partido.

Antisistemas de ultraderecha

Aquel 1968 no fue solo el arranque de la decepción ante lo que se veía como viejo. También fue el comienzo de una supuesta renovación que llevaría a un fatal desconcierto, que nos alcanza en la actualidad. Porque no solo la izquierda radical se volvió antisistema y autónoma: también lo hizo una nueva generación de la ultraderecha. ¿Antisistemas de ultraderecha?¿Y por qué no? Ya en aquel 1968 se ensayaron fusiones osadas, como el 'nazimaoísmo', en la Facultad de Jurisprudencia de Roma- La Sapienza. Y los meses y años posteriores, la reacción continuó. No tardó en aparecer el anarcofascismo, por ejemplo. Comenzaron a utilizar el concepto los británicos del grupo Black Ram a comienzos de los ochenta y unos años más tarde, el ideólogo francés Hans Cany le dio forma teórica, aunque más como matiz nacional-anarquista.

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Pero el esfuerzo más serio y exitoso de la ultraderecha por ponerse en sintonía con los nuevos tiempos fue el de la Nouvelle Droite, un 'think tank' muy activo a partir de las ideas del teórico francés Alain de Benoist y que se constituyó a razón de los acontecimientos de 1968. Esta corriente se unía a la segunda generación de la ultraderecha en la reivindicación de la unidad europea de los pueblos frente a la supuesta colonización marxista soviética, y liberal americana. Cuando la Unión Soviética desapareció en 1991, el único gran enemigo de la nueva ultraderecha fue el liberalismo y la globalización, en lo cual venían a coincidir con la izquierda radical.

La demonización de la UE es un recurso antiglobalización de la izquierda que la ultraderecha y el nacionalismo radical han hecho suyos

El nuevo Gobierno de Italia

A partir de ahí, la nueva ultraderecha que crece hoy en Europa lo hace en parte a partir de la herencia del “otro” 68. El euroescepticismo y la demonización de la UE es un recurso antiglobalización de la izquierda que la ultraderecha y el nacionalismo radicales han hecho suyos y funciona en dos sentidos: como mecanismo abductor de la lógica izquierdista; y como 'normalizador' cotidiano de actitudes de ultraderecha o incluso fascistas que hasta hace poco eran tabús. Porque en la raíz de ello está la propuesta de Benoist, por ejemplo, de que la defensa de la cultura sustituye hoy a la antigua reivindicación de la raza por la ultraderecha supremacista.

Todo esto cobra todavía más interés a la luz del nuevo Gobierno conformado en Italia, que no es sino la concreción más espectacular de la alianza populista (de “izquierdas” y “derechas”) lo cual a su vez es la última y más moderna versión de esa alianza 'natbol' o nacionalbolchevique que empezó gestándose en Rusia y algunos países del Este en los años 90 del pasado siglo. Y que posteriormente  vimos aparecer tímidamente en algunos acuerdos de gobierno en Europa occidental entre izquierda radical y derecha nacionalista dura. Pues bien, esa enorme confusión entre lo progre y lo facha que impera hoy en día tiene, en parte, sus raíces en la ultraderecha antisistema surgida al calor de aquel Mayo del 68 que quizá no fue tan unánimemente rojo.

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