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Hábitos sociales

Un camarero atiende a clientes en una terraza. Es el colectivo con más contratos temporales.

DANNY CAMINAL

¿Es justo dejar propina?

Juli Capella

Lo justo es pagar lo que toca. La propina es del todo injusta, por eso es mucho mejor, un acto libre de generosidad y antojo

En Washington acaba de aprobarse, por los pelos, una ley que suprime el sistema de cobro por propinas. Hasta la fecha cada trabajador del sector de la restauración cobraba un salario de 3,33 dólares por hora, que debía complementar con propinas –un 20%–o con un extra del empleador, que muchas veces le escatimaba. Mientras que para las otras profesiones el salario mínimo era de 12,50 dólares.

Recuerdo con grandísima ilusión el reparto de propinas cuando de joven hacía de camarero en un hotel. Volcábamos cada sábado el bote de café sobre la cama y en seguida sabíamos que extra nos íbamos a poder permitir. No era consciente de que esa calderilla no suplía ni de lejos lo que me dejaban de pagar oficialmente. Pero aún recuerdo perfectamente a quien me dejó un flamante billete de mil pesetas; y a un empresario de autocares, que tras un mes de latosa estancia dejó unas pocas monedas de céntimos que tintineaban en su bolsillo. Por cierto, su compañía es hoy una de las grandes.

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El concepto de propina ha ido degenerando desde que los griegos al brindar decidiesen regalar una parte de su copa a otro, 'pro' (antes) 'pino' (bebo), y que los franceses han mantenido a rajatabla: 'pourboire'. Es un regalo, algo inesperado, incluso caprichoso. Como la propina que le dio Einstein en un hotel de Tokio a un botones, –en Japón la tradición prohíbe la propina–, un papel con un consejo escrito que le dijo que guardase y que hace poco se subastó por 10.000 dólares.

No, no es justo dar propinas. Lo justo es pagar lo que toca. La propina es del todo injusta, por eso es mucho mejor, un acto libre de generosidad y antojo. Y lo fundamental no es recompensar a quien la recibe, sino satisfacer a quien la da. Los miles de euros que hayas podido ir regalando durante tu vida no son en menoscabo patrimonial sino una rentable inversión en felicidad instantánea. Cuando la propina es voluntaria es para beber y brindar, si es para comer, entonces tiene otro nombre: salario justo. Para todo lo demás, viva el regalo por la cara.

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