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Horizontes

La propuesta Digital 1st estrena una ruta interactiva dentro del Centro de Demostraciones de Telefónica en Madrid.

Transformación digital, ¿estamos preparados?

Jordi Sevilla

Debemos pedirle al nuevo Gobierno que encabece un Pacto de Estado para afrontar el reto de la digitalización

He tenido la oportunidad de clausurar esta semana el 'Summit' 2018 organizado en Madrid por la asociación DigitalEs, un encuentro entre empresas e instituciones públicas donde líderes de la innovación y la digitalización han hecho un análisis experto de por dónde va el mundo en uno de los vectores de cambio más profundo y dinámico: la revolución tecnológica impulsada por la digitalización, inteligencia artificialautomatización con algoritmos.

Algo que, más allá de nuestra mayor o menor capacidad de comprensión, no es algo abstracto para ninguno de nosotros porque su impacto está cambiando y cambiará radicalmente nuestra vida cotidiana. Junto a ello, en algunas de las mesas de debate, también se ha visto, en concreto, cómo se está preparando España para abordar este gran desafío global, pero con impacto local.

La primera reflexión al respecto, se puede hacer en forma de pregunta: ¿estamos preparados, como sociedad y como seres humanos, para lo que está viniendo? Es decir, ¿estamos preparados para, por ejemplo, vivir 150 años o más, que nos diagnostique y recete un robot cuando estamos enfermos, a viajar en coches sin conductor, a vivir en casas que hacen la compra por nosotros o envían el coche al taller para revisión, a trabajar con robots humanoides etc etc.

Hasta ahora el impacto de los cambios ya experimentados ha sido positivo porque los beneficios de lo nuevo se han impuesto claramente a sus riesgos. La duda es si será siempre así con todo lo que está viniendo o, poco a poco, se irá imponiendo una distopía que resalte los peligros en la relación entre máquinas seres humanos o entre posibilidades tecnológicas y libertades humanas, entendidas como las hemos entendido desde los griegos.

La segunda reflexión es si están nuestras instituciones preparadas para hacer frente a un cambio de tanta intensidad y en tantas direcciones. Sospecho que la velocidad con que se solapan los cambios nos está pillando por sorpresa de tal manera que cuando llegamos a la conclusión de que algo nuevo requiere regulación, el sujeto de la legislación se ha mutado en otro.

La tecnología esta cambiando nuestra frontera de posibilidades a un ritmo tal que nuestra instituciones sociales (gobiernos, parlamentos, juzgados, universidades etc), mas reposadas, se quedan atrás de manera sistemática. Sin necesidad de creer que vivimos una singularidad histórica, es evidente que nos enfrentamos a posibilidades disruptivas para las que no tenemos respuesta desde nuestros valores tradicionales.

Brecha digital

A estas alturas, hay muchas cosas que ya sabemos de esta revolución tecnológica.  Por ejemplo, que está teniendo un escaso impacto sobre la productividad de la economía, o que tiende a concentrar los beneficios en muy pocas manos, o que incrementa el riesgo de agudizar la desigualdad social en forma de brecha digital, o que va a significar cambios notables en las relaciones laborales, en el vínculo entre tareas y empleos, en el contenido y las maneras con que educamos a los jóvenes y al conjunto de los ciudadanos, en el concepto de seguridad, en algunos de nuestros derechos y libertades clásicos.

Y en todo este proceso, lo publico, las administraciones, la política son fundamentales para reducir temores, facilitar que las nuevas tecnologías signifiquen mejoras del bienestar colectivo y preparar a la gente para beneficiarse de las mismas o compensarla frente a los eventuales perjuicios que pueda ocasionar.

En España, ni estamos tan mal como piensan algunos, ni tan bien como dicen otros. Desde que se aprobó la Primera Estrategia Digital en el 2006 es mucho el camino recorrido, como atestiguan los informes de la Unión Europea, aunque es mucho mayor el que nos queda por recorrer ya que nuestra realidad incluye, todavía, una baja digitalización de algunos sectores sociales y, sobre todo, pymes; un sistema de 'start-ups' en construcción; poca inversión financiera relativa para estos proyectos y falta de competencias digitales suficientes en el capital humano.

No hacer nada es el mayor riesgo, también en esto. Y, la verdad, es que una mayoría de expertos opina que no estamos preparados y, lo que es peor, que no estamos haciendo lo suficiente y al ritmo adecuado, para prepararnos.
Por eso debemos pedirle al nuevo Gobierno que encabece un Pacto de Estado, no solo en el Parlamento, sino con Comunidades Autónomas y Ayuntamientos que incorpore a empresassindicatos y el conjunto de la ciudadanía, porque estamos ante un desafío de pais, si, pero que, por primera vez, compromete también a nuestro futuro como seres humanos, por lo que no podemos ponernos de perfil. Nadie.
 

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