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Al contado

La jugada (maestra) de la ministra Calviño

Agustí Sala

Ante un escenario de ralentización, mejor plantear objetivos factibles que irrealizables, por ambiciosos que aparenten ser

Un margen de 6.000 millones de euros en las cuentas públicas de este mismo año da para mucho. La ministra de Economía, Nadia Calviño, conocedora de los procedimientos, recovecos y secretos de la Unión Europea (UE) puede conseguirlos. Al menos parece convencida de ello.

Este jueves, tras reunirse con el comisario de Economía, Pierre Moscovici, anunció que los números rojos de las cuentas públicas serán este año equivalentes al 2,7% del producto interior bruto (PIB), no del 2,2%. Cinco décimas por encima del objetivo comprometido por el anterior Gobierno del PP. El anterior era un objetivo inasumible, reconocido por la propia Comisión Europea y por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), según reveló el viernes la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Un secreto a voces, en definitiva.

Ante ello, la que fuera directora general del Presupuesto de la UE ha optado por mover ficha en el tablero comunitario. En una Unión Europea imnersa en los líos del 'brexit' o el auge de los nacionalismos y el control de las fronteras, unas décimas más o menos de déficit -siempre que esté por debajo del 3% del PIB- en uno de los países comprometidos con la consolidación fiscal es una auténtica minucia.

"¿Merece la pena abrir el melón de otro conflicto?", se debió preguntar Moscovici. Y la ministra Calviño, conocedora de las interioridades de la corte bruselense, aprovechó. Y es que las reglas están para cumplirlas, hasta que es prácticamente imposible conseguirlo, como se ha visto en estos años de crisis.  

El dilema era elegir entre un monumental ajuste de más de 6.000 millones -11.000 millones si incluímos el 2019-, sumados a los que ya se practicaron, en un país cuyos números rojos tienden a la baja, aunque a menor ritmo; o un poco más de oxígeno para consolidar la recuperación.

La primera opción ya se ha revelado como poco práctica: el Gobierno del PP, pese a los recortes, no logró ningún año, excepto el último, cumplir con el objetivo comprometido. Quitar oxígeno en vez de darlo a quien se estaba ahogando se mostró como una receta ineficaz. Al igual que comprometerse con objetivos inasumibles, por más que sirviera para aparentar credibilidad o una triquiñuela contable como cuando el anterior titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, se sacó de la manga un impuesto a las tecnológicas que cuadraba las cuentas sobre el papel pero cuya regulación no llegó ni a plasmarse por escrito.

La tendencia de la economía es, además, a la ralentización y, por tanto, a un posible menor ritmo de aumento de la recaudación si no se toman medidas al respecto. Ante este escenario querer presentarse como el alumno más aventajado sería un despropósito y una irresponsabilidad. Mejor un compromiso factible que uno irrealizable, por muy ambicioso que aparente ser. Es más creíble. Buena jugada de la ministra Calviño. Veremos también si maestra.

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