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Análisis

Prevención para un verano sin sofocos

Isabel Llanos López

Los robos en domicilios tienen la característica de provocar gran vulnerabilidad en sus víctimas, al ver invadido su espacio más íntimo

Lo recuerdo bien. Recién destinada a Barcelona, mi primer verano en la ciudad. Las patrullas del domingo por la tarde derivaban en las visitas a los domicilios saqueados durante el fin de semana en la playa de sus moradores.

Aunque hace casi 20 años, el 'modus operandi' se mantiene prácticamente tal cual porque sigue ofreciendo los mismos beneficios. Eso hace que, a pesar de haber experimentado un ligero aumento en número de robos en los últimos años, ahora la cifra se mantenga más o menos estable, al menos en la ciudad de Barcelona. La operativa es la misma: las baterías, como se conoce a esos grupos de delincuentes, son ágiles y cambian de zona continuamente para eludir la prevención policial. Como cualquier grupo organizado, se dividen las tareas: unos hacen la revisión de zona, otros marcan y señalan los objetivos y, por último, otros ejecutan la acción.

El acceso a los pisos se consigue principalmente por el método 'bumping': se calcula que más del 90% de las cerraduras del mercado pueden ser abiertas con este método que ha regresado al mercado de la mano de la delincuencia de países del Este, que es la que más se dedican al robo de pisos junto con la procedente de Suramérica, aunque también están los más clásicos que recurren a la radiografía (precaución con esas malas costumbres de cerrar la puerta por resbalón, más en zona de playa) o la llave de pico de loro.

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El efecto en las víctimas es devastador. Y no tanto por el importe de lo sustraído, sino porque estos delitos se caracterizan por la vulnerabilidad que generan en quienes lo padecen, que sienten invadido su espacio más íntimo ya que, normalmente, las pertenencias de mayor valor se guardan en el lugar más inaccesible de la casa hasta para las visitas, esto es, el dormitorio principal y en el armario o en los cajones de la ropa íntima. Sensación de inseguridad.

Seguro ni en su propia casa

La sensación de desprotección al sentir que no solo les han desprovisto de sus pertenencias y recuerdos, sino de que han tocado sus objetos más personales, acrecienta notablemente la sensación de inseguridad. Uno ya no se puede sentir seguro ni en su propia casa. Además, los ladrones en verano actúan con calma en fincas prácticamente desprovistas de vecinos, se dan un paseo por el frigorífico, consumen un zumo, hacen uso del aseo (porque la adrenalina también hace sus efectos en los intestinos)… No es un plato de gusto encontrarse la casa mancillada a la vuelta del fin de semana.

Las soluciones pasan por los consejos propios de cada verano: si no se puede contratar un servicio de alarma, al menos un seguro; nunca salir de casa sin cerrar adecuadamente, también ventanas y galerías; elegir cerraduras de seguridad; poner alguna luz con sensor crepuscular; pedirle a algún vecino o amigo de confianza que vacíe el buzón si la estancia se prolonga y, sobre todo, ser precavidos con la información que se divulga en redes sociales, tanto de imágenes tentadoras del interior del domicilio como de los días en los que no se va a estar. 

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