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Todo queda en familia

Tejemaneje

TONI ALBIR

Tejemaneje

Joan Ollé

Quien como Oriol Pujol delinque en complicidad con su mujer y amigos nunca sabrá de amor ni de amistad y solo podrá mirar a los ojos a los de su condición de ladrón

Conocí a Oriol Pujol Ferrusola un día de no sé qué año a eso de las diez de la noche en los estudios de Catalunya Ràdio donde servidor colaboraba en el programa 'El Cafè de la República', dirigido y presentado por Joan Barril. Oriol vino de guais, descorbatado y con una muy estudiadamente desaliñada y casual barbita para producir el efecto deseado: los convergentes también podemos ser 'modernikis'. Ignoro por qué razón al personaje le dio por confesar a la audiencia, sin que viniese a cuento,  que se hizo pipí encima hasta muy superada la niñez. Y reía, reía, encantado de ser un meón.

Tres encuentros

El segundo encuentro se produjo un matinal 11 de Setembre en la Ciutadella, a un paso del zoo, y en esta ocasión, ya desposeído de su cargo de 'president', Pujol Soley estaba allí en cuerpo presente y departiendo expresidencialmente, como un buda injubilado, con otros cuerpos presentes encantados de poder estrechar la mano al Molt Honorable aquel día y Diada, con el sol perfecto del primer septiembre y a punto de adquirir el pastel  para los postres. Nos quedamos los tres solos y Pujol aprovechó la ocasión para lanzarnos a su hijo -atentísimo a las palabras del Padre- y a mí un pedazo de Evangelio en el que se le coló el magnífico barbarismo 'tejemaneje'Oriol, casi en éxtasis de pequeño saltamontes ante el dalái lama, inquirió: "Pare, com es diu 'tejemaneje' en català?", a lo que el Pantocrator respondió: "Tejemaneje, fill meu, en català, es diu tejemaneje". Se me escapó una  risotada de admiración por aquel híbrido de De Gaulle y Joan Capri que tenia a medio metro, consciente de que en más de una ocasión contaría este momento estelar. Oriol no pareció quedar impresionado por las palabras del oráculo.

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El tercer encuentro, casi furtivo, tuvo lugar también en Catalunya Ràdio, en sus empinadas escaleras donde aún no funciona el ascensor social;  él -ya diputado- subiendo y yo bajando, o al revés. Sus escasas y felices palabras fueron estas: "Somos amigos, no nos masacréis demasiado", a lo que respondí que  si la nueva Convergència en el poder lo hacía bien, incluso aplaudiríamos.

Oriol, como un agrio fantasmita del pasado, ha vuelto a las portadas y pantallas no sin antes negociar que sus desmanes con las ITV no le manden a la cárcel de los héroes catalanes. Siento asco por haber reído juntos alguna vez con este simpático mangante, con este culo sucio que se meó ya de mayor, apoyado por sus votantes, en el terciopelo del Parlament. Y pena, muchísima pena por él: quien delinque en complicidad con su mujer y sus amigos nunca sabrá de amor ni de amistad y solo podrá mirar a los ojos a los de su condición de ladrón. Todo queda en familia.