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Al contrataque

Varios miembros de los servicios de rescate tailandeses inspeccionan la cueva donde están atrapados los 12 niños del equipo de fútbol y su entrenador.

EFE / PONGMANAT TASIRI

La cueva de los sueños olvidados

Jordi Puntí

Si el rescate de los niños de Tailandia llega al cine, yo le daría el proyecto a Werner Herzog, porque sabe explorar como nadie los misterios de la realidad

En la espléndida crónica sobre el rescate de los niños de Tailandia, que Adrián Foncillas publicó hace un par de días en este diario, se podía leer una frase que destacaba por su falta de sensacionalismo. "El buen estado de los niños -decía-, todos ya en el hospital, ha sorprendido a los médicos". Una foto de cuatro de los protagonistas en la uci, ingresados ​​en la misma habitación como si aún estuvieran de colonias, reforzaba la idea de que es sorprendente, por no decir mágico, que se hallen en buen estado de salud. Aunque quizá no debería asombrarnos tanto. Al fin y al cabo han pasado unos días en una cueva, acompañados de un adulto, y se han enfrentado a una prueba de supervivencia que vemos como límite porque tenía mal pronóstico, pero más allá del rescate aparatoso nada hace pensar que estuvieran tan mal.

Entender aspectos actuales

Es un caso, diría, que nos ayuda a entender algunos aspectos de nuestro tiempo. El primero es que vivimos tan sobreprotegidos que nos maravilla la resistencia del ser humano en las situaciones más adversas. Nos ponemos en el lugar de los niños, sufrimos por ellos, y nos fascina compartir esa intriga globalmente: saber que todo el mundo lo observa igual que nosotros. Además esa atracción -entre fascinada y temerosa- se acentúa por un contraste extremo: el uso de la técnica avanzada de la ingeniería para luchar contra una destrucción que lleva a cabo la naturaleza y, especialmente, en el entorno arcaico y simple de una cueva.

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No es casualidad que el destino de los niños de Maesan nos recuerde a la odisea de los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados durante 69 días en la mina de San José, en el 2010. Hay en ambos casos esa "nostalgia del fango" que citaba Baudelaire, el recuerdo primigenio y atávico de cuando nuestros antepasados ​​más remotos sobrevivían en cuevas. El director Werner Herzog dedicó un documental -'La cueva de los sueños olvidados'- a Chauvet, uno de los templos de la pintura rupestre en Francia, y recordaba que mientras filmaba a veces tenía la sensación de que todo aquello era muy fresco y reciente, como si un alguien hubiera estado ahí el día antes, y no hace 20.000 años.

El rescate de los mineros chilenos es el segundo evento más seguido en la historia de la televisión, solo superado por el funeral de Michael Jackson -¿qué cosas, ¿verdad?- y luego se convirtió en una película de ficción, con Antonio Banderas y Juliette Binoche. No es de extrañar, pues, que ahora ya se hable del interés de Hollywood para adaptar las aventuras con final feliz de los niños tailandeses. Si fuera por mí, en lugar de dar el proyecto a un director millonario, se lo ofrecería al mismo Herzog, ya que sabe explorar como nadie los misterios de la realidad.