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Editorial

El modelo de movilidad de BCN

Las bicis y artilugios eléctricos aportan ventajas, pero deben preservarse las aceras para el peatón y seguir mejorando el servicio público

Una usuaria de patinete eléctrico, por la Diagonal, a la altura de Les Corts. 

Una usuaria de patinete eléctrico, por la Diagonal, a la altura de Les Corts.  / RICARD CUGAT

El modelo de ciudad ya no es urbanístico, es de movilidad. Mientras la gestión pública naufraga a la hora de mejorar las conexiones de Barcelona y su área metropolitana, la iniciativa privada avanza a toda velocidad para ofrecer alternativas individuales a los ciudadanos. En diez años, los desplazamientos en bicicleta han aumentado el 30%. Ya hay cerca de 200 km de carriles bici y se pretende llegar a los 300. Ese esfuerzo en infraestructuras ciclistas está favoreciendo la aparición de otros artilugios, mayoritariamente eléctricos. Al beneficio de ofrecer movilidad sin contaminación, se añade su bajo coste y, por ejemplo en el caso de los patinetes eléctricos, su reducido tamaño.

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Sin duda, es una evolución interesante. Las ventajas en cuestión de movilidad son importantes, siempre que no vengan acompañadas de un problema de seguridad. Es imprescindible preservar las aceras. Un patinete eléctrico puede circular a una velocidad máxima de 30 km/h, un auténtico peligro si circula por zonas reservadas a peatones, especialmente para niños y ancianos. Así mismo, las alternativas individuales no deben convertirse en argumento para disminuir los esfuerzos en seguir mejorando el servicio público. Este debe dar respuesta a la totalidad de la ciudadanía. Principalmente, a aquellos con necesidades especiales: desde padres con cochecitos de bebés a personas mayores o con movilidad reducida. El modelo de ciudad ya es de movilidad, pero debe serlo para todos.

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