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Dos miradas

La Biblia se ha hecho presente como un elemento clave de muchas historias, el argumento de que se valen los malos de la película para hacer de las suyas con un aval de categoría

Desde 'La noche del cazador' hasta el 'Cuento de la criada', por citar solo dos y por hablar solo de cine, la Biblia se ha hecho presente como un elemento clave de muchas historias, el argumento de que se valen los malos de la película para hacer de las suyas con un aval de categoría. Desde el predicador Harry Powell y sus arengas góticas hasta los dueños que procrean con las esclavas fértiles a base de abyección política y de citas de Abraham, la Biblia ha triunfado como un texto que certifica la maldad. También lo hacía Jules Winnfield, mientras asesinaba a destajo en 'Pulp Fiction', con aquella famosa cita de Ezequiel 25:17: "Y haré contra ellos grandes venganzas con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy Jehová cuando lleve a cabo mi venganza”.

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El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, no pudo evitarlo y también recurrió a las escrituras para justificar la separación forzosa de las familias de inmigrantes. Le tocó el turno a San Pablo y a su 'Carta a los romanos': "Someteos a las autoridades que ejercen el poder". Lo que quizá no sabe Sessions es que la Biblia es un libro inmenso y caótico, divergente y convergente, heterogéneo y contradictorio. El mismo San Pablo dice a los romanos: "La indignación divina se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres". Y añade que "Dios dará tribulaciones y angustia a todo el que hace el mal". Da para mucho el libro sagrado, es como un chicle.

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