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Las relaciones Catalunya-España

Parecidos pero diferentes

Parecidos pero diferentes

Ángeles González-Sinde

El buenismo y el diálogo por sí solos no encontrarán un encaje para el independentismo en el Estado, pero sé que la opinión de los ciudadanos moverá a los líderes políticos

Llega el verano y con él nuestros viajes de veraneo. Para los que podemos permitírnoslo, claro. El 21,6 % de nuestros conciudadanos vive en riesgo de pobreza y un tercio de los hogares no puede permitirse ni una semana de vacaciones. Los afortunados que nos desplazaremos, nos sentaremos algún día en un restaurante, bar o chiringuito lejos de casa y allí perderemos, aunque solo sea por un rato, todos nuestros prejuicios. Oiremos, como escuchaba yo, niña mesetaria en mis veranos levantinos, palabras en otras lenguas que aprenderemos a amar en tiempo récord. 'Socarrat, carxofa, fesols i naps, sepionet, pa amb tomàquet, all i oli' y tantos otros serán términos con los que nos lanzaremos al bilingüismo con entusiasmo.

La importancia de la opinión de los ciudadanos

Ferran Adrià lleva varios años retirado de los fogones dedicado a la ingente tarea de hacer una suerte de historia de la humanidad y su evolución leída a través de todo lo que nos zampamos y los tratamientos culinarios que hemos inventado para ello. En lugar de pinches y cocineros, dirige ahora a geógrafos, antropólogos, historiadores, biólogos… un sinfín de sabios que nos demostrarán que, para unir a las gentes en un pensamiento armónico e imaginativo, nada mejor que compartir mesa, pero sobre todo, buenos alimentos.

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Ya sé que el buenismo y el diálogo por sí solos no encontrarán un encaje para el independentismo en el Estado, pero sí sé que la opinión de los ciudadanos moverá a los líderes en una dirección u otra. Si hemos sido capaces de reencontrarnos verano tras verano en tantas mesas, deberíamos ser capaces de encontrar más espacios neutrales a partir de los cuales construir una nueva convivencia. No voy a recomendar a Sánchez y Torra que, si la cosa hoy no sale bien, pasen a citarse en tascas, chiringuitos y restaurantes pertrechados con cuchillo y tenedor y buen apetito, pero sí sugiero que los ciudadanos les tomemos la delantera y vayamos pensando en los numerosos ámbitos en los que nos gusta, nos beneficia y nos aporta reconocer que todas estas gentes variopintas que vivimos a lo largo y ancho de España somos, como comprobamos con alegría cada verano, parecidos, pero diferentes.

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