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Encrucijada italiana

"¡Es la economía, estúpido!"

Rosa Massagué

Pones algún canal de televisión italiana, público o privado, un día sí y otro también, en hora diurna o nocturna, y lo más probable es que en la pantalla aparezca Matteo Salvini. Exactamente lo mismo que ocurría en el Reino Unido, durante la campaña por el ‘brexit’ y también después. Se podía apostar y estar seguro de ganar que en la televisión aparecería Nigel Farage. A ambos personajes les unen muchas cosas. El populismo, la xenofobia y ningún respeto por la Unión Europea, por ejemplo. Pero hay algo que les separa. Mientras el británico no era nadie ni lo es ahora en una estructura de Gobierno, el italiano es uno de los dos vicepresidentes, y su presencia constante le asemeja más a un caudillo moderno que a una figura importante del Ejecutivo.

Hace una semana, en vez de asistir al consejo de ministros en el que se aprobaban medidas laborales que son responsabilidad del otro vicepresidente, el ‘grillino’ Luigi di Maio, el dirigente liguista se fue a Siena, a la célebre carrera del Palio, despreciando así el trabajo del Gobierno y robando a los sieneses la imagen de uno de los días grandes de su calendario.

Desde el Ministerio de Interior, el vicepresidente Salvini gestiona el dossier de la inmigración que le proporciona grandes réditos en términos de popularidad mientras el otro vicepresidente ostenta una cartera múltiple, la de Desarrollo económico, Trabajo y de Políticas sociales, la verdaderamente importante, solo que en vez de dar satisfacciones populares, da quebraderos de cabeza y escasa renta política.

Una década de estancamiento

Este es el mayor problema del Gobierno, la economía. Y lo es en un doble sentido. Por la mala situación de las finanzas italianas y por las promesas electorales hechas en el programa de Gobierno de la alianza entre la Liga (antes Liga Norte) y el Movimiento 5 Estrellas (M5S). Italia tiene la tercera deuda pública más alta del mundo (el doble de la española), y su economía ha permanecido estancada durante una década.

Las promesas recogidas en el ‘contrato’ firmado por ambas fuerzas políticas son incompatibles las unas con las otras. Por ejemplo, la Liga ha colocado su ‘flat tax’ que pese a ser un impuesto plano contempla dos tramos, del 15 y el 20%. Es una desregulación con gran parecido a la reducción de impuestos ahora de Donald Trump y antes, de Ronald Reagan. Todos los estudios serios sobre fiscalidad concluyen que mermará ingresos al Estado. La ambición del M5S es la renta de ciudadanía que requerirá importantes fondos públicos. Reducir impuestos y aumentar el gasto público no funciona.

En el contrato de Gobierno no consta su aspiración a salir del euro o incluso de la Unión, pero lo siguen pensando y deseando. Y esto es en lo que confían para salvar sus objetivos, convertir su flaqueza en fortaleza. Italia es demasiado grande para dejarla caer. Un euro sin este país que es la tercera economía de la UE, sería el fin de la moneda única y posiblemente el de la propia Unión. Para algunos, llevar este argumento a fondo en Bruselas es política. Para otros es chantaje. Mientras, Salvini sigue en la pantalla. En todas. Y para unos y otros vale aquello de la época Clinton: "¡Es la economía, estúpido!".

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