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LIBERTAD CONDICIONAL

Yo no soy tibia, tú estás manipulado

Lucía Etxebarria

Hicimos una fiesta en mi casa y yo supe que Gonzalo Eduardo se iban a encantar desde que se cruzaran miradas. Gonzalo es exactamente del tipo que le gustan a Eduardo: latino y muy delgado. Y Eduardo es tal y como le gustan a Gonzalo: alto, rubio y musculado.

A la mañana siguiente, Gonzalo me llamó indignadísimo: «¡No me habías dicho que Eduardo vota a Ciudadanos! ¡Y me he acostado con él! ¿Cómo voy a vivir yo con eso?» A Gonzalo le tuve que recordar que su exnovio, concejal de Podemos, le puso cuernos con media Chueca y parte de Lavapiés, y que además le robó el ordenador.

Para mí, es obvio que las personas son personas, más allá de su adscripción política, pero sé que mi posición es rara, y que la mayoría de la gente no ve las cosas así. Por eso, no pueden entender que este verano me vaya a pasar un fin de semana en casa de Xavier, independentista acérrimo, en Badalona, y que sin embargo al Orgullo Gay me vaya de marcha con Eduardo, de Ciudadanos. Opinan que soy una chaquetera. Pero no lo soy.

Hay un experimento de 1954, un clásico de la psicología social. 22 chicos de 11 años, buenos estudiantes, de familias estables. Se dividieron de manera aleatoria en dos grupos y se fueron a un campamento de verano. Se eligió un nombre y una bandera para cada grupo. Durante una semana cada grupo desarrolló actividades para fomentar la cohesión grupal. En la segunda, se fomentaron juegos en los que solo podía ganar un grupo (el fútbol, el 'sokatira'). A la tercera semana los enfrentamientos eran tan violentos que los psicólogos se vieron obligados a detener el experimento. Se demostró que la pertenencia grupal es fuente segura de prejuicio.

Si es usted de los que piensa que jamás en la vida ha sido presa de ningún proceso de manipulación, que eso solo afecta a la gente mentalmente débil o que su superioridad intelectual le hace inmune, le invito a que no siga leyendo.

Para mí, es obvio 
que las personas 
son personas,
más allá de su
adscripción política,
pero sé que mi
posición es rara

Porque desde aquel experimento, y a partir de muchos otros que se han realizados en psicología social, los partidos políticos utilizan estrategias diseñadas por psicólogos para captar al electorado.

Por ejemplo…

Las etiquetas negativas al contrario (fascista, casta…)  Las palabras virtuosas (libertad, dignidad, paz, democracia, inserción, vivienda, renta básica, reactivación de la economía, participación ciudadana, cobertura social). La apelación  a fuentes secretas. o garantizar una afirmación remitiendo a fuentes de cierta posición que no pueden revelarse («fuentes de la lucha antiterrorista…» o «fuentes económicas de acreditada solvencia…») O a una personalidad influyente o posicionada como fuente de la información ( «el presidente del Banco de España está en contra de la reforma económica» o «el presidente del Tribunal Constitucional, en contra de la reforma judicial»)
El uso de falsas analogías. O igualar dos ideas, proyectos o grupos cuando realmente no lo son («aprobar la Ley de Seguridad Ciudadana es volver al franquismo») Las apelaciones tautológicas.  O hablar, hablar y hablar sin decir absolutamente nada a través de discursos circulares («y acabaremos con la lacra del paro reduciendo el desempleo y generando los puestos de trabajo que tanto necesitan nuestros jóvenes»)

La polarización. .. Ignorar que siempre hay una amplia gama de grises y plantear la realidad en blanco o negro («o te posicionas a favor de la consulta, o eres un nacionalista español traidor a tu pueblo») Las falsas promesas («vóteme y le construyo enfrente de su casa el parque que lleva 10 años solicitando»)

La conexión del contrario con símbolos temidos. Colar una bandera nazi en una manifestación de Ciudadanos o una con la hoz y el martillo en una de Podemos  (contratando a un sujeto  para que lo haga, claro)

Las apelaciones retrospectivas o prospectivas al temor. Fomentar el miedo a repetir el pasado o a crear un futuro negro («si gana el PP volvemos a los tiempos de Franco y si gana Podemos, España será la próxima Venezuela») O el viejo truco del chivo expiatorio (desde Hitler con los judíos hasta Franco con la conspiración judeo-masónica, pasando por los nacionalistas de un lado con los del otro)

Hay más estrategias, pero creo que les he explicado las básicas y quizás hayan entendido que yo no soy la chaquetera, sino que Gonzalo está manipulado. Quizá a partir de la lectura de este artículo alguien de entre los lectores se atreva a ver a su vecino, a su compañero de trabajo, a su amigo, como una persona antes que como 'indepe' o como no 'indepe', o como votante de tal o cual partido. 
 

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