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IDEAS

Pedro Sánchez y Quim Torra conversan durante los Jocs del Mediterrani 

Cumbre borrascosa

Josep Maria Pou

Si todo sale según lo previsto y no tenemos antes ningún susto (gesto teatral, se les llama ahora) de los gordos, el próximo lunes día 9 habrá encuentro en la cumbre. Cuidado. Cuando escribo cumbre no pretendo molestar a nadie. No quiero decir que el Palau de la Generalitat esté a menos altura que el Palacio de la Moncloa, ni que en el despacho de Sánchez se respire aire más puro que en el de Torra. No. Lo de las cumbres es siempre relativo. Si las hay más altas que otras es en comparación con el entorno, sin más. Hay, también, cumbres soñadas, inaccesibles, e incluso borrascosas (las más populares, a cuenta de la lectura). Como es el caso. El encuentro se va a celebrar en clima de tiempo revuelto y aunque, según los más optimistas (por otro nombre, ingenuos), abre augurios de tiempo en calma, el viaje hasta aquí ha sido de tormenta, con columnas de tornado en días y horas concretos. Así que no queda sino matarse a rogativas para que el lunes amanezca con el aire en calma y el espíritu dialogante.

Diálogo es la otra palabra que estos días suena tanto como cumbre. Dialogar es hablar, armar una conversación, crear controversia. Este lunes el diálogo se va a ceñir a dos únicas personas que, es de prever, seguirán la pauta marcada por el diálogo previo de sus respectivos equipos. Largo diálogo, pues, empezado hace ya días. Es posible que el mismo lunes, al final de la jornada, conozcamos –luz y taquígrafos- el contenido y resultado del encuentro. Pero ya de antemano les digo que no me lo voy a tragar.

Porque yo ya no me creo nada. San Escéptico, me llaman. Don Receloso. Fray Descreído. Y lo soy. De cuanto digan, la mitad y menos. Me han hecho a ello. Me han engañado –todos- las más de las veces. Desde hace años mi cabeza gira y gira, como una peonza en caída libre, oyendo mentiras (¿medias verdades?) a derecha e izquierda.

Pero entre vuelta y vuelta, entre mareo y mareo, aún me da tiempo de acordarme de Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

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