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LARGO PLAZO

El estriptís del PP

Olga Grau

Las primarias del PP han permitido ver a la organización política al desnudo, libre de trampa y cartón, y debilitada por la falta de interés de sus militantes en la elección del futuro líder

Las primarias se han convertido en un revelador estriptís para el Partido Popular. Han permitido ver a la organización política al desnudo, libre de trampa y cartón. De entrada, el partido supuestamente con más militantes de Europa ha pasado de contar con 800.000 afines en sus bases, como se atribuían los órganos del PP, a tener 66.706 inscritos para las primarias. El pinchazo en la burbuja de afiliados supone que a la hora de la verdad menos del 8% de los militantes participará de la elección del próximo líder, una cifra raquítica para una elección tan trascendente. El proceso de campaña electoral de los candidatos tampoco refleja la dinámica de un partido moderno, rejuvenecido y participativo adaptado a los nuevos tiempos. No han habido debates entre los candidatos que permitan a esos militantes asistir a una confrontación de ideas y programas y, además, en la campaña han predominado los reproches.

El silencio de Mariano Rajoy, la desaparición repentina de escena de Alberto Núñez Feijóo y el pasmo por la buena estrella de Pedro Sánchez en sus primeros pasos como presidente han contribuido a la desorientación de los populares. Como se trata de las primeras primarias que celebra el PP en toda su historia, el proceso está dejando al descubierto las carencias endémicas. Ante las guerras intestinas de la izquierda, con algunos casos recientes en el PSOE y en Podemos, había la creencia de que la derecha marchaba como un ejército organizado. Ahora el PP revela la falta de funcionamiento democrático interno y también la poca organización de unas bases acostumbradas a una cúpula que lo decidía todo a dedo, como ocurrió con la designación del propio Mariano Rajoy por José María Aznar.

De las primarias del PP saldrán dos candidatos que después deberán pasar una segunda ronda por parte de los compromisarios. Ahí se podrá ver quién tiene la última palabra, si las bases o el aparato del partido. Del resultado depende la transformación de una fuerza política que ha liderado el país durante los últimos años y que ha sucumbido, precisamente, por la falta de regeneración.

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