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Dos miradas

Joaquim Maria Puyal, durante la retransmisión radiofónica de un partido del Barça en el Camp Nou.

FERRAN NADEU

Puyal ha agrandado el concepto del narrador y lo ha convertido en un demiurgo que ordena el caos del presente para enmarcarlo en el fluir de la historia

Puyal es muchas cosas, pero sobre todo es fútbol. Y es más que fútbol, ​​claro, porque el Puyal que describe el movimiento de los jugadores, que dibuja la estrategia del partido, también es el Puyal que crea sentido y construye un relato, el Puyal que pinta el cuadro que toca en función de la intensidad del encuentro, a partir de los detalles que se convierten, en cada retransmisión, en un fresco donde observamos chuts y regates, pero percibimos la magnitud de una historia. Uno de los aciertos indiscutibles de Puyal es haberse adaptado a los tiempos, en los cincuenta años que hace que nos habla del Barça y de las finales y los partidos insulsos y de las eliminatorias eléctricas y los enfrentamientos aburridos y tediosos.

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Puyal y su TdP han sido un recipiente donde se han introducido las nuevas tecnologías y los antiguos recuerdos, donde se han guardado el espíritu combativo y la racionalidad del periodista ecuánime. Un espacio por donde ha transcurrido el tiempo, más allá del fútbol, ​​los días que nos han marcado y que nos han hecho ser como somos. Con su voz. Con la "fuerza emocional del momento" y con la pausa de la reflexión intelectual. Desde la cabina de transmisión, Puyal ha agrandado el concepto del narrador y lo ha convertido en un demiurgo que ordena el caos del presente para enmarcarlo en el fluir de la historia. ¿Cómo veremos los partidos, ahora, sin su palabra? ¿Cómo se hace para vivir sin la música que ha sido la banda sonora de una patria sentimental?