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EL PROBLEMA DE LA INMIGRACIÓN

Europa, debilitada una vez más

Albert Garrido

El espectáculo ofrecido por el líder de la democracia cristiana bávara, Horst Seehofer, debilita a Alemania y erosiona la cohesión del núcleo dirigente de la UE

El espectáculo ofrecido por el líder de la democracia cristiana bávara (CSU), Horst Seehofer, debilita la gran coalición que gobierna Alemania, erosiona la cohesión del núcleo dirigente de la UE y corrobora la sensación de que la extrema derecha xenófoba, cobijada en Alternativa para Alemania, fija la agenda y condiciona las políticas europeas con mayor autoridad a cada día que pasa. La mutación genética experimentada por el nombre del ministerio que encabeza Seehofer, de Interior a Interior y Patria, es algo más que un adorno o un atrevimiento: en el amago o amenaza de dimisión del ministro hubo mucho de nacionalismo exacerbado y de apelación a los sentimientos primarios que impregnan las críticas a la política migratoria de Angela Merkel y, de paso, a las que se acuerdan en Bruselas. Está de vuelta el viejo concepto de identidad nacional a costa de la idea de identidad europea, y la hegemonía alemana, pasada por el tamiz de la extrema derecha, se entiende como el instrumento para someter Europa a los designios ultras.

La crisis migratoria se ha convertido en un arma arrojadiza en manos de la extrema derecha, que la lanza todos los días contra el establisment que aspira a preservar el legado democrático de los padres fundadores de la UE. Al mismo tiempo, es un instrumento de propaganda de primer orden que alimenta políticas populistas en las que el gran resorte a movilizar es el cierre de fronteras, el desprecio a las tragedias que desencaden los flujos migratorios y una versión posmoderna del supremacismo blanco (Matteo Salvini, el último fichaje).

Antisemitismo

Si el acuerdo de mínimos pergeñado en el último Consejo Europeo levanta ampollas, si los episodios del 'Aquarius' y del Open Arms no tienen ningún efecto en los comportamientos de la opinión pública, entonces avanza en Europa, y particularmente en Alemania, Austria, Hungría, Polonia y algún otro país una doctrina con crudas y perturbadoras semejanzas con el antisemitismo y el espíritu de cruzada.

Así lo revelan las encuestas, en las que las perspectivas electorales de los partidos ultras crecen sin parar al mismo tiempo que la disposición de la derecha democrática a adecuar en parte sus programas a la prédica de los xenófobos demuestra ser ineficaz. Peor aún, demuestra que solo es útil para aportar más apoyos electorales al bando que pretende neutralizar. Siempre la versión original tiene más éxito en política que la imitación oportunista.

Un problema más

Nunca ha sido la CSU un partido conservador templado ni Seehofer, un moderado. Pero con su última maniobra ha sumado un nuevo problema a los muchos que presenta la cohesión europea. Si Alemania se resfría, Europa estornuda; si Merkel tiene problemas, el proyecto revitalizador de la UE de Emmanuel Macron no tiene futuro; si el Gobierno alemán se resquebraja a causa de un asunto que conmueve la conciencia europea, la UE se resquebraja. Algo a lo que, por lo demás, es extremadamente propensa una organización que recurre a la unidad cuando discute el brexit, pero renuncia a ella en casi todo lo demás.         

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