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La conducta de los seres vivos

El club de los animales malditos

El club de los animales malditos

Jordi Serrallonga

La injusta fama de las hienas ha sido perpetuada por el uso social, los políticos e incluso por personajillos que rebautizan así a los periodistas del corazón

Disney relevó a Lucas y ha trastocado la saga de 'StarWars'; pero lleva más tiempo confundiéndonos acerca del mundo animal. Y no solo porque Rafiki –el primate de 'El Rey León'– sea una ficticia mezcla entre babuino y mandril (soy un primatólogo cascarrabias), me molesta mucho más que sigan alimentándose viejos tópicos sobre la conducta de los seres vivos.  Por ejemplo, en 'Fantasía', un grupo de hipopótamos baila con tutús. Este herbívoro –el que mastica hierba nos parece más 'bueno' que el que devora carne–, también enterneció a todos en un spot sobre pañales; sin embargo, es uno de los animales –que no sea el mosquito transmisor de la malaria– que más víctimas humanas causa en África.

Los hipopotámos y los elefantes no son 'buenos' ni 'malos', pero si se asustan, atacan

¿Y el león? Siempre lo hemos pintado como el rey de la selva, pero queda degradado a plebeyo al topar con un elefante. Los he visto correr con el rabo entre las piernas... y yo hago lo mismo si un inteligente paquidermo decide que molesto. Tanto hipos como elefantes no son 'buenos' ni 'malos', solo que si se asustan, y ante la duda, cargan.

Como podemos imaginar, un golpe de trompa –traducido: «¡apártate!»– resulta fatal. Aún así, sigo coincidiendo con viajeros (alguno de ellos biólogos) a los que tengo que placar para que no se acerquen a una familia elefante con crías... ya se sabe, Dumbo causó estragos.

En cambio, los mismos expedicionarios me han llamado a gritos al ver merodear, cerca de su tienda de campaña, a esa bestia que, según la leyenda urbana, podría devorarles: la hiena. Algo que jamás he vivido.

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La fama de las hienas

Hienas... las eternas incomprendidas de la creación biológica, y no solo por Disney. Gran parte de su injusta fama, como traidoras, sucias y despreciables, ha sido perpetuada tanto por cultos políticos de todos los colores –al referirse a los que no piensan como ellos– como por los personajillos que, al grito de «¡hienas!», rebautizan a los periodistas del corazón. Es por ello que me erigí en solitario socio fundador del club de los animales malditos.

Puedo decirlo con orgullo, me encanta estudiar a los babuinos (con cara de perro), observar a los ñus en la migración del Serengueti (parecen un disfraz de varios animales) y, sobre todo, fijarme en las hienas aunque vayan maquilladas de barro y sangre, y corran de forma extraña.

            Mi misión es predicar que las hienas, más allá de pertenecer a la brigada de carroñeros que –junto a chacales, buitres, escarabajos y otras criaturas– mantienen limpia la sabana, también son eficientes cazadoras.

Una manada de hienas puede provocar la huida, incluso derrocar, al presunto rey: el león

El líder del clan de las hienas es una hembra

Hace pocos días atrás, en Tanzania, vi como la intrépida hiena perseguía a unos antílopes. ¡Una hembra! En el cosmos de las hienas manchadas, el líder del clan no es un macho sino una hembra. Son animales tan maravillosos como otros. Sin ir más lejos, un grupo de alumnas y alumnos universitarios adoptó el nombre de 'Hienas'; los profesores, según ellos, éramos los leones. Sigo viéndoles y, a cada nuevo encuentro, rememoro otra escena real africana: una manada de hienas puede provocar la huida, incluso derrocar, al presunto rey: el león.

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