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Ejercicio personal sobre el modo de vivir

Si quieres la paz, prepárate para la muerte

Isabel Llanos López

La especie humana sobrevivió gracias a la unión y abandonar esa fórmula no nos va a ayudar demasiado

Era pequeña cuando mi padre me explicó el origen del nombre de la munición más extendida del mundo, el famoso 9mm, a partir del 'Si vis pacem, para bellum', de Flavio Vegecio. Más tarde, la misma frase retornó a mí transformada por Freud en: "Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte". Casi sin querer me vino a la memoria cuando, hace unos días, un amigo me contaba que habían encontrado fallecido en su casa a un conocido común. Habían quedado para comer al día siguiente y ni apareció ni dijo nada. Pasado un tiempo, ya preocupado, accedió a su casa con la portera y una vecina y allí lo encontraron. Al menos fueron solo unos días.

Cada vez son más recurrentes los casos de personas que mueren en soledad, sin que nadie se percate de su ausencia

En los últimos años, en esta sociedad tan hiperconectada que parece un videojuego que adolece de emociones reales, no se trata de un caso aislado. Cada vez son más recurrentes los casos de personas que mueren en soledad sin que nadie se percate de su ausencia, incluso los bancos les siguen cobrando sus recibos como si nada. Y no es extraño que aumente el precio del alquiler si en uno de cada cuatro domicilios solo vive una persona, y eso sin tener en cuenta tampoco que uno de cada tres jóvenes de hasta 34 años no se ha emancipado. El individualismo es el peaje.

Un precio que interesa y que se fomenta a modo de justificación del consumo. Para eludir la soledad hay que consumir, ya no sirve con preparar un 'picnic' con tortilla de patatas y empanada y merendar a la linde de una cuneta mientras se juega a las cartas en una mesa de cámping y los niños corretean con un balón. Eso queda ya muy lejos. La compañía, la compasión, el compañerismo, el bien común, no interesan. Siempre ha sido más rentable el 'divide y vencerás'. Y ahora tenemos la excusa perfecta basada en el egocentrismo y en una psicología positiva de baratillo que promete que podemos alcanzar todo lo que soñamos, porque -por supuesto- nos lo merecemos, y que lo externo, los otros, son los que se interponen entre nosotros y nuestros objetivos.

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Ya no hay paciencia para aguantar puntos de vista diferentes, y el confort individual se impone al bien común. No pensar, sólo experimentar. Es cuando se acaba el escudo de las redes sociales, cuando se toma conciencia. Sin la engañifa de la conexión virtual, si la eliminásemos y también la TV, volveríamos a reconocer el silencio y a contar los días que pasan sin que tengamos una llamada de teléfono, ni una visita. Valoraríamos el café pendiente con ese amigo que nunca cumplimos.

Hay un ejercicio interesante. Es el de imaginarnos en el momento de nuestra muerte. Cómo nos gustaría que fuese, quién nos acompañaría, dónde… Sabemos que no podemos cambiar el pasado, pero quizá aún estemos a tiempo de enmendar el presente para modificar el futuro. No estamos solos. Por más que tengamos recurrentes ejemplos de individualismo, del interés personal por encima del grupo, no sirve de nada. La especie humana sobrevivió gracias a la unión y abandonar esa fórmula no nos va a ayudar demasiado. Está en cada uno no caer en la trampa. 

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