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¿Qué hacemos con la Fundación Franco?

El general Chicharro, presidente ejecutivo de la Fundación Franco, aboga con poco disimulo por un golpe de Estado, por lo que su organización debe ser ilegalizada de inmediato

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Fachada de la sede de la Fundación Francisco Franco, en Madrid

Fachada de la sede de la Fundación Francisco Franco, en Madrid / JUAN MANUEL PRATS

La Fundación Franco tiene una alta opinión de Cospedal, porque como ministra de Defensa dijo que «a partir de la inquebrantable lealtad a su bandera, cada militar tiene el deber y la obligación de garantizar la soberanía y la integridad territoriales». «Así lo proclama el artículo ocho de la Constitución», recuerda el general de división retirado Juan Chicharro en una entrada reciente de la web de la fundación, de la que es presidente ejecutivo, en la que afirma que «los valores que conforman nuestra patria siguen vigentes y (…) se encuentran hoy en una grave crisis»: el proceso de ruptura de España con que amenazan los dirigentes catalanes y la moción de censura contra el Gobierno del PP, apoyada «por los que quieren romper España».

«La prudencia es virtud del gobernante, pero la inoperancia no lo es – sostiene Chicharro– y hoy, cuando vemos cuanto sucede en Catalunya a uno le entran temores fundados de que lo peor está por venir si no se ponen los medios para impedir tanto desatino. Y, lo siento, las FAS no pueden permanecer ajenas al desmembramiento de nuestra Patria».

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La unidad de España fue una obsesión del Generalísimo, evoca Chicharro (las últimas palabras que este dirigió al hoy rey emérito fueron: «Alteza, prometedme que pase lo que pase mantendréis siempre la unidad de España»), obsesión compartida por «los que hoy nos hemos puesto como obligación defender su legado y no podemos por menos que concordar con su palabras»: no fue el Movimiento Nacional el que se sublevó. «Los sublevados eran, y son, ellos: los rojos», declaró Franco. «Vulnerada la Constitución que ellos mismos hicieron (…) el Ejército interpeló el anhelo de la mayoría de los españoles (…). Al Ejército no le es lícito sublevarse contra un partido ni contra una Constitución porque no le gusten, pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la patria cuando está en peligro de muerte».

A Chicharro le angustia la situación de España: «La quiebra de la unidad nacional es objetivo de algunas fuerzas en el presente, y ahí no hay diferencia con el luctuoso pasado y ahí comprendo la petición postrera del Generalísimo al Rey».

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Concluye su inquietante texto haciéndose eco de una frase de Franco sobre las fuerzas armadas: «La máquina se deshace pero la obra queda»; y apostilla que «no hizo mal la señora Cospedal cuando recordó las misiones constitucionales de las FAS. Nunca está de más la Constitución». A mi entender, el presidente de la Fundación Franco aboga, con poco disimulo, por un golpe de Estado «si el Estado pierde el sentido de su misión», dejando que «las fuerzas secesionistas se envalentonen y avancen», porque –como dijo su Caudillo–, el Ejército «tiene el deber de levantarse en armas para defender a la patria cuando está en peligro de muerte».

El general Chicharro es un hombre peligroso y la Fundación Franco debe ser ilegalizada de inmediato.