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El encuentro del 9 de julio en La Moncloa

Pedro Sánchez, la última oportunidad

Andreu Claret

Sería bueno algún resultado tangible de la cita con Torra, pero tras tanto ninguneo de Rajoy lo importante es que los presidentes hablen

Nunca he sido socialista pero tampoco antisocialista porque creo que el PSOE ha hecho contribuciones decisivas a la Transición democrática. Nunca he sido independentista pero tampoco antindependentista porque el anhelo a un Estado catalán es tan legítimo como cualquier otro, siempre que no se pretenda imponer de manera unilateral. Espero que esta doble condición me permita arrojar algo de luz sobre el encuentro que mantendrán Pedro Sánchez y Quim Torra el próximo día 9, Dios mediante.

Añado esta apostilla porque hará falta mucha mediación para que la reunión se celebre, teniendo en cuenta el deterioro de los últimos días. No va a ser fácil para Sánchez abrir las puertas de la Moncloa a un presidente autonómico que le ha montado un áspero embrollo en Washington y que ha alentado el boicot al Rey en Girona. Tampoco lo será para Torra acudir a Madrid, teniendo en cuenta que no puede aspirar al reconocimiento del derecho de autodeterminación que considera consustancial a Catalunya desde Guifré el Pilós.

Una inagotable mina de votos para todos

Así las cosas, ¿qué se puede esperar de esta reunión?  Mucho o poco, según las expectativas de cada cual. Como las mías son más bien bajas, espero bastante del encuentro. Con que tenga lugar ya me parece suficiente. Es verdad que sería bueno algún resultado tangible que ambos pudieran exhibir ante los irreductibles de cada bando, pero después de tanto ninguneo por parte de Rajoy, lo importante es hablar. Muchos pensaran que sin chicha el ejercicio resultará baladí. No es mi opinión. Conversar a solas obliga a decirse verdades y a escuchar las del otro. No lo resuelve todo. Puede incluso que no resuelva nada. Pero crea una dinámica particular que desarma la demagogia. Por esto ha sido tan difícil llegar hasta aquí. Porque a nadie le convenía desactivar la inagotable mina de votos que suponía el 'procés'. Para unos, en Catalunya, y para otros, en el resto de España.

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Nadie piensa, por supuesto, que vaya a darse respuesta a todos los agravios, porque ni Torra ni Sánchez pueden sostener posiciones que sean vistas como concesiones. Si alguien en el resto de España imagina la foto de la Moncloa como 'La rendición de Breda', de Velázquez, es que no ha entendido nada de lo que ha ocurrido en los últimos años. Torra no puede rendirse, por mucho que el independentismo haya perdido la batalla de la DUI. Y si alguien, en Catalunya, sueña con que Sánchez vaya a ofrecerle a Torra lo que no puede ofrecerle, es que no se enteró de que la moción de censura que le llevó a la Moncloa fue una carambola que solo se da una vez  en la vida. Entonces, ¿a qué podemos aspirar? A una primera y humildísima cosecha tras años de sequía. Entre otros, el acercamiento de los presos a Catalunya que el Gobierno ha anticipado para que no se viera como una concesión de Sánchez.

Concentrarse en pasos pequeños

Pero hay más. Mucho más. Si hay voluntad, claro está. Para hablar el día 9 y para ir resolviendo en las semanas, meses y años venideros. Después de tanto estropicio, el 'manual del buen negociador' recomienda concentrarse en pasos pequeños que permitan seguir avanzando. ‘Arreglos’ como los que permitieron iniciar el fin de la violencia en el País Vasco, por usar la palabra en la que coincidieron el socialista Jesús Eguiguren y el aberzale Arnaldo Otegui. En Catalunya también sabemos hacer arreglos. Apaños. El acercamiento de los presos es el primero. El segundo podría ser pacificar las televisiones públicas, garantizando su pluralidad, y desdramatizar la escuela catalana, preservando los principios de inclusión y libertad que la han caracterizado. El tercero, digo yo, podría ser la decisión de promover intercambios y diálogo con el resto de España. Sin embargo, estos pasitos no cuajaran si no van acompañados de la aceptación de principios democráticos básicos que han sido vulnerados: reconocer la legitimidad y la libertad de expresión de todas las ideas políticas, recuperar la neutralidad de las instituciones, y aceptar el ordenamiento vigente como marco de la acción política institucional. ¡Casi nada!

Esto no va suceder en cuatro días, pero sin esto no habrá mejora de las relaciones, ni pacificación de la sociedad catalana. Si Sánchez y Torra consiguieran abrir estos frentes, todo seria posible. Hablar del futuro inmediato y del más lejano. De cómo poner sobre la mesa un nuevo sistema de financiación. Y de cómo reconocer Catalunya como nación. Seria incluso posible que pudiera haber indulto si la sentencia de los políticos presos es condenatoria. Debería haberlo, aunque esto no pueda anticiparse. Hay una oportunidad y puede que sea la última.

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