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Análisis

Barça y Madrid también juegan el Mundial

Mónica Marchante

Parece que lo que menos importa es el fútbol, ni aunque sea el de la selección española

Cuando empieza un evento como el Mundial, soy de las que quiere a las mejores selecciones en la siguiente fase. Me encanta ver a Alemania perder el primer partido con México y a Argentina en apuros para clasificarse. O a Francia sufrir. Pero quiero que las a priori favoritas pasen y aspiro a que España se cruce con ellas, para ganarlas.

Viviendo de cerca la victoria de la Eurocopa de Austria, primero, y del Mundial de Sudáfrica, después, aprendí que se podía y se pudo, que habíamos encontrado una identidad de la que carecimos durante décadas y que al fin habíamos aprendido a ganar.

Los episodios de Argentina primero y Alemania después me han trasladado a una realidad bastante menos bucólica, la del bufandeo nacional.

No son bufandas rojas y amarillas, ni amarillas, ni españolas… Son bufandas del Barça o del Madrid. Resulta que cuando juega la selección argentina, gran parte del madridismo quiere la derrota albiceleste porque es la derrota de Messi, el enemigo número uno. Y cuando juega Portugal, son la mayoría de azulgranas quienes desean la misma receta para Cristiano. Solo les une Croacia, la de Modric y Rakitic.

Todo es un perverso galimatías donde se atiza a quien toque para defender la causa 'bufandera'

Hasta ahí nada nuevo. La incorporación novedosa a la causa bufandera de este Mundial la facilitó Rubiales despidiendo a Lopetegui por su falta de lealtad hacia la RFEF. Ese incidente fatal  ha desencadenado un nuevo motivo de odio a los de la bufanda: se trata de atizar a Hierro para legitimar a Lopetegui (¿o a Florentino?). Es decir, que si España va mal, la culpa es de Rubiales por no haber dejado a Julen mantenerse en el cargo de seleccionador aunque hubiera firmado con el Real Madrid a espaldas de la RFEF.

Parece que lo que menos importa es el fútbol, los buenos futbolistas y ni siquiera la selección española. Todo es un perverso galimatías donde se atiza a quien toque para defender la 'santa causa' bufandera.

Abochorna  que todo sea Messi versus Ronaldo, Barça versus Madrid, que Messi no gane nada con su selección, que Cristiano falle un penalti y que las gafas que nos quieran imponer algunos, incluso desde algunos medios, sean las del forofismo miope y casposo mientras se está jugando un gran campeonato.

El primer Mundial del que tengo consciencia fue el del 82. Me pilló adolescente, y aquel verano me enganchó el fútbol para siempre. Recuerdo la decepción de España como anfitriona, pero también el fútbol de la Brasil de Sócrates, Zico o Falcao, la Italia campeona de Paolo Rossi, Tardelli y Cabrini. El marcaje de Gentile a Maradona en Sarrià. O el escalofrío tras la acción de Schumacher a Battiston en la semifinal de Sevilla. Allí no había VAR.

En Rusia se ha quedado el campeón en la primera fase. Pero quiero que la sigan tocando Neymar, Cristiano, Messi y Griezmann. Me gusta el fútbol. El que no necesita bufanda.

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