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David Lynch, en una imagen de la tercera temporada de Twin Peaks.

Este mundo es muy Lynch

Miqui Otero

Es como un rey Midas a la inversa. Todo lo que toca lo convierte en mierda. Es el mejor en lo suyo. 

Ahora imaginen qué fácil sería que alguien tomara estas frases y titulara: "Es como un rey Midas. Es el mejor en lo suyo". 

David Lynch comentó en una entrevista a 'The Guardian' hace unos días que, si bien Donald Trump no estaba haciendo un buen trabajo, "podría pasar a la historia como uno de los mejores presidentes porque ha desestabilizado el sistema. Nadie logra contratacar de forma inteligente". 

No es extraño que Trump, ese cabeza borradora de cabellera perdida, sampleara la entrevista (la parte de pasar a la historia) y vaticinara el fin de la carrera del director por soltarle tal piropo a un tipo apestado en el mundo del cine. Resulta mucho más alarmante que medios y redes se dedicaran, desde ese instante, a retuitear en sus textos esa misma interpretación. "Lynch se pronuncia a favor del presidente", replicaban, sin citar la primera parte de la frase ni matizar que ese "podría pasar" no era la expresión de un deseo personal, sino el apunte de una posibilidad más allá de su gusto. Muchos también obviaban que, a pesar de haber exhibido a veces un perfil ideológico algo errático, en las anteriores campañas había apoyado a Obama y a Bernie Saunders.

Ray Bradbury anticipó en 'Farenheit 451' un mundo tan hiperveloz y frívolo que se parece demasiado al nuestro

Algunos incluso se dedicaron a contextualizar la declaración hablando de lo raras que son sus películas, que las amas o las odias, o de cómo desde hace tiempo anda algo loco con eso de la meditación trascendental. Una maniobra similar a esos ventajistas que cuando hablan en los telediarios de un vecino arrestado por (pongamos) homicidio, ese que hasta entonces despertaba en ellos buenos sentimientos, ahora dicen que sí era un poco arisco, demasiado merengue o que no recogía los excrementos de sus mascotas. 

Todo esto me recuerda a cómo Ray Bradbury ya anticipa, en la novela 'Farenheit 451', de 1953, un mundo futuro tan hiperveloz como frívolo que se parece demasiado al actual: "Cámara rápida, Montag. Clic, pic, ya, sí, no, más, bien, mal, qué, quién, eh, uh, ah, pim, pam. Resúmenes, resúmenes, resúmenes. ¿La política? Una columna, dos frases, un titular. Luego, en pleno aire, ¡todo desaparece!". 

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