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Primera reunión entre Pedro Sánchez y Angela Merkel en Berlín.

HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

Capitán Aquarius al rescate de Merkel

Carlos Carnicero Urabayen

El rescate migratorio de Merkel debería ir acompañado de un verdadero rescate del euro, pero los halcones de la austeridad sacan sus garras

Estado de gracia frente a la emergencia que provoca la inminente pérdida de poder. La frescura del recién llegado frente a la experiencia de quien más ha mandado y permanecido en el poder en esta agitada Europa; Merkel es pura cicatriz tras trece años al frente del país más poderoso de Europa; Sánchez, con sus carambolas y llagas –casi todas por fuego amigo-, un recién llegado al tablero europeo que exprime la fruta de su juventud política al frente del gobierno de España.

Merkel puede sufrir 'un Rajoy'. Vive con un gatillo apretado sobre su frágil coalición de gobierno. No son los socialdemócratas quienes dan problemas. Se trata de su socio bávaro, la CSU, y su ministro del Interior Seehofer. También son democristianos como la cancillera, pero exigen una vuelta de tuerca en su política de inmigración; mano dura para frenar a la extrema derecha en las elecciones de octubre en Baviera.

La solución deberá acordarse en la cumbre de todas las cumbres que se celebra mañana y pasado en Bruselas. En una agenda desbordada por temas urgentes – reformar la zona euro, dar un empujón al 'brexit', entre otros – el tema más incómodo del que se van conociendo detalles: la posibilidad de establecer centros de refugiados fuera de la UE, en los países de los Balcanes o bien en el norte de África.

El 1 de julio Austria se hace cargo de la presidencia rotatoria de la UE y vienen curvas para quienes huyen de la guerra y la miseria. Su gobierno de coalición, conservador y ultra, lo tiene claro: ningún refugiado debe tocar tierra europea antes de que su solicitud haya sido aprobada. La línea dura sobre inmigración se hace paso a pesar de que las llegadas a Europa han disminuido (más de un millón en 2015 y apenas 50.000 en lo que va de año) y a pesar de que no está nada claro que la mejor receta para combatir el populismo xenófobo sea tomar prestada su filosofía.

Europa no puede vivir con Merkel en el precipicio y un desafiante Gobierno italiano a punto de crear un conflicto humanitario cada dos por tres en el Mediterráneo. Sánchez, con autoridad moral tras acoger el 'Aquarius', quiere contribuir a una solución de consenso y está dispuesto a poner su estado de gracia al servicio de medidas que pueden ser difíciles de digerir. En la cartera el presidente lleva la verdadera 'marca España': haber resistido una grave crisis económica y social sin provocar la irrupción de la extrema derecha; una esperanzadora excepción en una Europa desbordada por una ola xenófoba.

Merkel se ha comprometido a apoyar a España para que reciba ayuda europea si la presión migratoria sigue aumentando. Y también firmó con Macron hace pocos días un acuerdo para reformar la zona euro, dotarla de un presupuesto propio y crear una suerte de fondo monetario europeo que alivie las situaciones de crisis. El rescate migratorio de Merkel debería ir acompañado de un verdadero rescate del euro, pero países como Holanda y Dinamarca, infatigables halcones de la austeridad, sacan sus garras.

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