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Repercusión del cambio de Gobierno

Una bocanada de aire fresco

LEONARD BEARD

Una bocanada de aire fresco

Josep Oliver Alonso

Después de un largo periodo de tensiones, pocos hubieran apostado por la radical modificación del ambiente político

Sobre el problema catalán, lo más sustancial es el realismo de Sánchez al afirmar que no se va resolver judicialmente

Intentar analizar las interacciones entre economía, política y sociedad es siempre temerario. Por más que parezca que se comprende el paisaje y al paisanaje, uno termina siempre errando. Viene ello a cuenta del cambio de percepción, de alivio diría yo, que observo a raíz de la victoria de Pedro Sánchez y las propuestas que ha ido desgranando. Tras un largo período de tensiones, ¿quién hubiera apostado por esa radical modificación del clima político? Yo no, se lo aseguro.

Creo que lo sucedido solo puede explicarse por la capacidad de conexión de la nueva dirección del PSOE con las aspiraciones y necesidades de amplios, y muy diversos, sectores sociales. Vean, sino, cómo y con qué sectores sus primeras propuestas encuentran adhesión.

Corrigiendo el rumbo

En el ámbito social, ya basó su reelección como líder del PSOE corrigiendo un rumbo que le estaba conduciendo a la irrelevancia. Aunque éste no ha sido un problema español: con la excepción del laborismo, la socialdemocracia europea está en franca retirada. Y aunque Sánchez no es Corbyn, ni el PSOE el Partido Laborista británico, un cierto viraje a la izquierda era deseable.

En relación a la corrupción, Sánchez ha sabido también comprender el hartazgo del país, y no sólo de los electores del PP. Con su moción de censura tras la sentencia de 'Gürtel', se identificó con aquellos, muchos creo, que se sentían avergonzados por pertenecer a un país en el que parecía que la corrupción campaba a sus anchas.

La notable pérdida de apoyo de Ciudadanos en las encuestas sugiere que la tensión creada difícilmente podía mantenerse

Los derechos cívicos y sociales básicos, cuyo estandarte es la igualdad mujer-hombre, es otro ámbito en el que la conexión ha sido instantánea. Unos derechos, además, que no se limitan a la igualdad por sexos: sus propuestas sobre Franco y el Valle de los Caídos o la eutanasia amplían, más allá de identificaciones partidarias, su círculo de apoyos.

Finalmente, respecto de Catalunya, Sánchez también ha comprendido que el choque frontal preconizado por Rivera no era compartido más que por una parte de España: la notable pérdida de apoyo de Ciudadanos en las encuestas sugiere que la tensión creada difícilmente podía mantenerse.

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En suma, la dirección del PSOE parece haber entendido la dirección exigida por las profundas corrientes sociales que están definiendo nuestro futuro: en lo económico, más redistribución; en corrupción, tolerancia cero; en derechos sociales, mascarón de proa del gobierno; y respecto de Catalunya, reducción de la tensión. De todos esos movimientos, los que más han sorprendido son los últimos: aproximación política y no judicial al caso catalán, relación bilateral, acercamiento de presos o corrección de un trato económico injusto no han sido, por descontado, ni el tono del PP y Ciudadanos, ni tampoco del PSOE.

De este último aspecto, lo más sustancial del enfoque de Sánchez es su realismo: afirmar que el problema catalán no se va resolver judicialmente y que necesitará, como mínimo, de una década para una eventual solución, me parece lo más inteligente que se haya postulado desde Madrid los últimos quince años. Y ello, porque percibir la gravedad del conflicto es condición necesaria, aunque insuficiente, para su solución.

El enfrentamiento Catalunya-España

Y, en lo tocante al choque Catalunya-España, la situación es grave. En el ámbito catalán, porque no será fácil ni encontrar un encaje en España que sea avalado por una gran mayoría de catalanes, ni solucionar la situación de presos y exilados: aunque se redujeran substancialmente las penas, faltan años para su excarcelación. En el del resto de España, porque un posible acuerdo precisa también del consentimiento del grueso de su población: trabajo nada elemental, porque alterar los equilibrios territoriales del Estado levantará ampollas, y no en Catalunya precisamente.

Ese nuevo encaje catalán, si es que es posible, será substancialmente más difícil de resolver que el moderado viraje a la izquierda, la lucha contra la corrupción o el énfasis en los derechos sociales. El 'procés' ha extremado posiciones, Catalunya está profundamente dividida y un acuerdo con España provocará temblores en el resto del país. Por ello, reconociendo la valentía del cambio que parece proponerse, hay que mantener un prudente tono pesimista.

Pero, qué quieren que les diga, por una vez y sin que sirva de precedente, déjenme disfrutar de ese frescor, como si la tempestad hubiera descargado y el aire sea hoy más transparente. Disfrutémoslo, sea solo por un corto periodo. Y que se alargue al máximo posible: aunque lo que propone es más que difícil, que tenga todo el éxito del mundo, señor Sánchez. Lo necesitamos. Todos.