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La clave

Unos inmigrantes tratan de descansar en el párking ubicado bajo un puente en la localidad italiana de Ventimiglia. 

MIGUEL MEDINA (AFP)

Migraciones y economía

Albert Sáez

El efecto llamada lo provoca la pobreza africana y la decadencia demográfica europea

Sin ninguna duda, las migraciones son fundamentalmente un asunto humanitario. La obligación de recoger a los náufragos se consagra en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La misma fuente del derecho que obliga a acoger a los refugiados políticos. Los tipos como Trump Salvini lo consideran una simple demanda de lo que llaman "buenísmo". Con esta mentalidad ni Trump, ni su mujer, ni cientos de miles de compatriotas de Salvini serían hoy ciudadanos de los Estados Unidos. Con ellos no se pude hablar de valores humanos porque hacen bandera de su menosprecio. Hablemos de economía.

Occidente, más Europa que Estados Unidos, envejece. En parte por la prolongación de la esperanza de vida y en parte por la caída de la natalidad. La suma es una progresiva pérdida de población en edad de trabajar o, si lo prefieren, un aumento de lo que antes se llamaban las clases pasivas. Algunos expertos en el auge y la decadencia de los imperios llevan años advirtiendo que muchos indicadores en la actual Unión Europea coinciden con los que tuvieron grandes civilizaciones caídas en otros momentos de la historia. Uno es el agotamiento de los recursos naturales, que afecta a todo el planeta pero que encarece la vida en Europa puesto que los recursos propios los agotó a mediados del siglo pasado. El agua es, con la energía, el más preocupante. El segundo síntoma de decadencia inminente es la demografía. Hoy afecta en menor medida que siglos atrás en cuanto a la fuerza de trabajo gracias a la robotización, pero sigue siento un factor de competitividad en cuanto a la captación de impuestos y, aún más importante, de talento.

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Los barcos que llenan estos días el Mediterráneo huyen de la guerra y de la pobreza pero saben que se dirigen a un lugar donde les necesitan a pesar de que los Salvini de turno se nieguen a aceptarlo. El racismo es una inmoralidad pero también una irracionalidad económica. Si Europa no tuviera trabajos sin ocupar, los migrantes dejarían de venir. El efecto llamada no es por el Aquarius ni por las declaraciones de unos u otros. El efecto llamada es su pobreza y nuestra decadencia de la que solo ellos nos pueden salvar.