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LAS CRÍTICAS AL REY

No hay mejor ejemplo de hasta qué punto el discurso separatista está desquiciado que el mensaje de Quim Torra anunciando su asistencia a regañadientes a los Juegos del Mediterráneo el viernes pasado. En su diatriba contra Felipe VI solo le faltó decir que pensaba instalar una guillotina en la plaza de Jaume para simbolizar la ruptura de relaciones entre la Generalitat y la Monarquía. El mensaje de nuestro xenófobo 'president' fue delirante hasta el final y refleja que el diálogo no tiene ninguna posibilidad de prosperar por mucho que el Gobierno de Pedro Sánchez quiera desinflar la tensión. El independentismo no puede permitirse una vuelta a la normalidad institucional.  Ante la falta de estrategia para producir otro choque como en octubre pasado, ahora se refugia en el victimismo y el resentimiento. Además, es falso que la  cruzada contra el Rey nazca por su polémico discurso del 3 de octubre. Solo hay que recordar que tras los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils, el independentismo en alianza con la izquierda tontorrona de Ada Colau le montó un festival de protestas en la manifestación de repulsa frente al terrorismo. Lo vimos en directo y fue una vergüenza.

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La obsesión antimonárquica de Torra causa sonrojo incluso en un referente internacional para la causa secesionista como Alex Salmond. En una reciente entrevista en TV-3, ante la insistencia del periodista Ricard Ustrell para sacarle unas palabras de censura contra el monarca español, el exprimer ministro escocés lo dejó mudo. Le dijo que no tenía ningun sentido quejarse ahora de Felipe VI cuando "la política independentista en Catalunya no ha sido neutral con la monarquía". Los separatistas boicotean desde hace tiempo su presencia y ahora que ya no pueden cargar contra Rajoy se centran aún más en el Rey. Su controvertido discurso fue duro, inevitablemente, pero también apeló al diálogo y al entendimiento. El jefe del Estado alzó su voz para denunciar un golpe civil contra la democracia y la Constitución. Frente al delirio de los Puigdemont y Torra, muchísimos catalanes nos sentimos reconfortados esa noche.

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