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ANÁLISIS

Quién anda ahí

Cristina Pardo

Vivimos en el tiempo de los gestos. Por encima del proyecto político, de los mensajes de calado, están los golpes de efecto. Los principios quedan en un segundo plano y se cuidan mucho más los elementos superficiales, el titular fácil… La maniobra de distracción, en definitiva. Es un mal que aqueja a gran parte de la clase política y está siendo también muy evidente en la campaña interna del PP. De momento, casi ningún candidato de los fuertes está apostando por la política. Falta contenido a chorros. Hay más un quítate tú para ponerme yo.

Veamos. En estas primeras horas, Soraya Sáenz de Santamaría pide el voto de los afiliados porque, según ella, los sondeos reflejan que es la candidata con mejores perspectivas electorales. “Las encuestas están ahí y dicen lo que dicen; tanto entre los votantes del PP como entre el resto de votantes”, argumenta la exvicepresidenta. Es un discurso terrorífico. Alguien de su corte debería hacérselo ver. Sáenz de Santamaría apenas opinó de nada mientras estuvo en el Gobierno, pero casualmente sí comentaba los sondeos. Y lo hacía de manera bastante despectiva: “Las encuestas son instrumentos de trabajo para los partidos políticos, pero hay que operar sobre realidades (…). Me cuesta pronunciarme porque probablemente hoy las encuestas digan una cosa y dentro de unos meses pueden decir una cosa distinta”. Estas declaraciones son de hace pocos días, cuando Ciudadanos salía como el partido preferido por los electores. Sin comentarios. Si eso es lo mejor que tiene que ofrecer Soraya Sáenz de Santamaría, apaga y vámonos.  

María Dolores de Cospedal se ha centrado en su enemiga, sin nombrarla. La exsecretaria general del PP cree que ella tiene que ganar, porque los afiliados prefieren a las personas que dan la cara, frente a las que se esconden. Ahí puede tener razón, creo. Pero tampoco este argumento tiene ningún contenido ideológico. No obstante, es verdad que Cospedal se ha mojado bastante en los últimos años. Este mismo fin de semana, sin ir más lejos, ha dicho que ella habría aplicado en Catalunya el artículo 155 de la Constitución mucho antes y en una versión más dura. Algo es algo. Ya que los afiliados pueden ir a votar, que sepan lo que están votando. José Manuel García-Margallo es un tipo interesante, que tiene ideas claras. Pero, hasta donde sabemos, se presenta al congreso del PP con un único propósito: frenar a Sáenz de Santamaría. Luego está Pablo Casado. Ideológicamente es una persona muy cercana a José María Aznar y a Esperanza Aguirre. Va de representante de los jóvenes, pero en algunas cosas tiene un discurso muy poco revolucionario. Me refiero al asunto de su máster. Cada vez que sale alguna información sobre las presuntas irregularidades de sus estudios, Casado se lo ventila alegando que hay “juego sucio” en el PP. Eso, siendo importante, es secundario si finalmente se demuestra que hizo algo mal. Quedan algunos días de campaña. A ver si podemos escuchar alguna idea y alguien se anima a generar un poco de ilusión.

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