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EN CLAVE EUROPEA

Suicidio demográfico en la UE

Eliseo Oliveras

Sin inmigración, se habría acelerado el declive económico europeo por pérdida de habitantes

El crecimiento económico se frenará por la caída de la población en edad laboral a partir del 2021

Mientras los líderes intentan convertir Europa en una fortaleza impenetrable para la ola migratoria, la Unión Europea (UE) se encamina inconsciente hacia un suicidio demográfico que la aboca al declive económico y político. Sin la inmigración neta, la población de la UE ya se habría reducido en los últimos años, porque se producen más fallecimientos que nacimientos en el conjunto de los 28 estados miembros desde 2015, según Eurostat. El modesto crecimiento de 23 millones de la población de la UE desde el 2001 hasta llegar a los 511 millones del 2017 se ha producido básicamente gracias a una inmigración neta de 1,3 millones de personas de media anual. El aumento estimado de la población de la UE hasta 528 de personas en el 2040 y su posterior estancamiento y reducción será fruto exclusivamente del flujo migratorio.

Desde hace muchos años, los fallecimientos superan a los nacimientos en Alemania, Italia, Portugal, Grecia, Bulgaria, Estonia, Croacia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia y Rumanía. Y en los últimos nueve países citados la población total (incluida la inmigración) se ha reducido desde el 2000. Incluso España comenzó a registrar más fallecimientos que nacimientos en el 2015, lo que se ha acentuado en el 2017, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los índices de fertilidad han caído a mínimos históricos en la mayoría de países de la UE y todos se encuentran muy por debajo del índice natural de reemplazamiento de la población.

En 1900, en el territorio de los actuales estados de la UE vivía aproximadamente el 20% de la población mundial. En 1960, ese porcentaje se había reducido al 13,5% y en el 2015 había caído al 6,9%. Las Naciones Unidas estiman que la actual UE (incluyendo Gran Bretaña) sólo representará el 5,5% de la población mundial en el 2040 y el 4,5% en el 2070.

La caída de la natalidad y el envejecimiento de la población europea tienen consecuencias negativas muy graves para el crecimiento económico. La historia muestra el papel clave que ha desempeñado el aumento de la población en el crecimiento económico de los países industrializados, como fuerza de trabajo y producción y como fuente de demanda y consumo. La fuerte expansión de la economía occidental en la posguerra fue impulsada y sostenida por auge de población. El posterior freno demográfico se ha traducido en sucesivos niveles inferiores de crecimiento medio anual en las últimas décadas.

El producto interior bruto (PIB) crece menos en la misma proporción en que se reduce el crecimiento demográfico y la fuerza laboral, señalaron los profesores Ronald Lee y Andrew Mason en un análisis para el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el 2017. El economista Jinill Kim también pronosticó un menor crecimiento a los países de la OCDE en las próximas décadas a causa de su declive demográfico en un análisis para la Reserva Federal norteamericana en el 2016. El PIB de Estados Unidos creció alrededor de un punto más que el europeo en las décadas de 1980 y 1990 debido esencialmente a su mayor crecimiento demográfico (el doble y triple del europeo), subrayan los economistas Jean-Michel Boussemart y Michel Godet.

La población de la UE en edad de trabajar alcanzó su máximo en 2010 (333 millones) y desde entonces ha comenzado a disminuir, según el análisis de Jörg Peschner y Constantinos Fotakis para la Comisión Europea. La reducción de la población en edad de trabajar en el periodo 2010-2030 será del 9% y hasta el 2050 supondrá la desaparición de 49 millones trabajadores (11 millones en Alemania, 8 millones en Italia y 7 millones en España).

El crecimiento económico potencial de la UE para el periodo 2021-2040 se estima en una media anual del 1,3%, muy inferior a la media del 2,1% del periodo 2000-2008, debido al declive de la fuerza laboral, según el Informe Envejecimiento 2018 de los ministros de Economía europeos. El crecimiento podría ser aún menor si no se logra un aumento de la productividad muy superior al de pasadas décadas. La proyección se basa además en una inmigración neta anual de más de un millón de personas y un aumento de las tasas de fertilidad que se contradice de los datos de las últimas décadas.

La inmigración puede ayudar a paliar el declive demográfico, aunque no es la solución, porque los ciudadanos no aceptan el masivo nivel migratorio necesario para lograr un crecimiento sostenido de la población y los estados han demostrado ser incapaces de integrar a flujos migratorios muy inferiores. Pero ninguna política de natalidad tendrá éxito mientras la política económica oficial siga promoviendo la precariedad laboral, la especulación inmobiliaria y el recorte de servicios públicos que impiden a los jóvenes crear una familia.  

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