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ANÁLISIS

Messi se masajea la frente antes del partido contra Croacia.

AFP / JOHANNES EISELE

Derrota de una sociedad

Albert Guasch

Los aficionados argentinos se están proyectando al mundo con un histrionismo tan radical que hasta dulcifica al entorno del Barça

El gesto de Leo Messi antes de los himnos, cabizbajo, frotándose la frente y las sienes, simboliza de forma poderosa lo que significa la presión. Es un concepto usado y gastado en el deporte. Porque existe, evidentemente. Pero cuesta recordar una imagen que permita palpar tan nítidamente sus efectos. Messi transmitía angustia, sufrimiento y miedo, todo a la vez. Es una estampa para los anales de los Mundiales.

Cualquier futbolista desea triunfar con su selección. Sin embargo, nadie parece necesitarlo más que el número uno del mundo. Tiene encima, no al lado, a todo un país que se cree con derecho natural al éxito. Y al no lograrlo, como es estadísticamente lo normal, descarga su frustración con insultos ingeniosos (algunos) y desproporcionados (muchos más).

El 'chiringuito' nacional

La selección argentina aún tiene posibilidades de salvarse. Que un cargamento de empanadas viaje ya hacia Nigeria tras su triunfo sobre Islandia. Pero suceda lo que suceda en el decisivo encuentro ante los nigerianos, la gran derrotada es ya la sociedad argentina.

Se está proyectando al mundo con un histrionismo asombroso. Como si el ejemplo de comportamiento fuera alguien tan poco ejemplar como Diego Armando Maradona. Se ve en los aficionados que se expresan con veneno en las redes sociales y en los fragmentos televisivos de comentaristas desbocados. Argentina parece un gran ‘Chiringuito’ nacional. Hay que vociferar de forma indignada para existir.

Y a Messi se le vocifera tanto que no es de extrañar que le vayan a durar un tiempo las punzadas en la sien. En el juicio sumario del fútbol, es puesto de nuevo en duda. Algunos incluso se atreven a rebajarlo a la elevadísima altura de Cristiano. Como el Cholo Simeone, según consta en ese mensaje privado extrañamente filtrado.

Hay que librarle a Messi de algunos compatriotas. Y darle paz. El Barça y su entorno parece de repente blando e inocuo. ¿Quién nos lo iba a decir?