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EL PROYECTO EUROPEO

Euroescepticismo o eurocrítica

Albert Puig

La crisis de la UE tiene su base en los desequilibrios productivos, a los que hay que hacer frente de forma conjunta y coordinada

Cada ocasión en que hay elecciones en alguno de los estados miembros de la Unión Europea, esta aguanta la respiración temiendo nuevos sobresaltos vinculados al posible triunfo de fuerzas euroescépticas; el último caso lo hemos vivido recientemente con las elecciones en Italia.

Conviene sin embargo diferenciar entre euroescepticismo y eurocríticos. Los primeros acostumbran a culpar de los males del país a factores a los que la Unión Europea no ha sabido afrontar adecuadamente y defienden como solución la ruptura con el proyecto europeo. Por su parte, los eurocríticos, que en ocasiones coinciden con los diagnósticos de los primeros, acostumbran a dirigir las soluciones hacia la necesidad de alcanzar mayores cotas de democratización y federalización por parte de la Unión Europea.

Parálisis del proceso de integración

Para avanzar en ese segundo camino, es clave diagnosticar correctamente los motivos que han conducido al actual estado de estancamiento y parálisis del proceso de integración europeo. Centrándonos en el ámbito más estrictamente económico, bajo mi punto de vista, la UE afronta un doble problema, uno de corte microeconómico y otro, estrechamente vinculado al anterior, de corte macroeconómico.

La crisis de la UE, y en especial de la eurozona, tiene su base en un problema microeconómico: los persistentes desequilibrios productivos que se dan en su seno en términos de productividad y competitividad los cuales, en un contexto de unificación monetaria, se tradujeron en flujos comerciales, financieros y de deuda que, cuando estalló la crisis, hicieron tambalear la supervivencia del euro y pusieron en evidencia la fragilidad de la gestión macroeconómica de la moneda común. La reducción pues de los desequilibrios productivos es condición necesaria para aumentar la eficacia de la gestión macroeconómica de la Unión Monetaria Europea.

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Hacer frente al doble reto sin generar inestabilidad y poner en peligro la propia viabilidad de la unión monetaria exige hacerlo de forma conjunta y coordinada. Las interrelaciones existentes son ya muy profundas y prueba de ello es que, a pesar de las muchas cosas que se han dicho acerca de los supuestos excesos de algunos países del sur de Europa, los principales beneficiarios de los "milagros" económicos de Irlanda, Italia o España se encuentran en los países centrales de la UE (sus bancos, sus exportadores...). La corrección de los desequilibrios productivos requiere implementar una política industrial coordinada federalmente y ejecutada estatal y regionalmente, que incluya mayores inversiones en I+D, en formación, en infraestructuras sostenibles, en transición energética...

Las soluciones 'nacionales' propuestas hasta el momento (devaluación salarial, austeridad...) han supuesto una degradación del trabajo asalariado y el desmantelamiento -y privatización- de muchos servicios sociales vinculados al Estado de bienestar, lo cual está comportando un empobrecimiento de la mayoría de la población y un aumento de las desigualdades, con el consiguiente peligro de crisis social y degradación democrática, tal y como estamos comprobando.

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