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Artistas y precariedad

Alegría total de La Calòrica tras ganar el Max al mejor espectáculo revelación .

La urgencia de la cultura

Jenn Díaz

Quizá lo que necesitamos es que el dinero destinado a la cultura vaya a parar a manos del público

Ya lo sabemos: la cultura no es urgente. El arte nos hace, individual y colectivamente, mejores: más críticos, más independientes, más libres. Si me apuras, mejores personas. Pero la cultura no es un tema urgente, de vida o muerte, y por eso como sociedad nos ha preocupado siempre lo justo y necesario. La precariedad, que ha existido siempre, que siempre ha ido de la mano del creador, ahora pasa por malos momentos.

Por una parte, el sector profesional y especializado a duras penas sobrevive. Por otra parte, precisamente porque la cultura no es urgente, y alimentada la idea romántica de que un artista no tiene por qué vivir de su obra, sino que debe crearla por la obra en sí, hemos acabado idealizando la figura del creador precario. Si no quieres componer, escribir, interpretar o dibujar porque no llegas a final de mes: no lo hagas.

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Nos preguntamos si las políticas públicas deben ocuparse de la cultura y sí, deben, y sí, lo hacen. No nos preguntamos profundamente si el dinero debe ir para la industria o para el creador, ni en qué proporción. La idea del creador que no depende de las arcas públicas, la poca urgencia de la cultura y la idealización del artista 'outsider' que no vive de su creación nos hacen un flaco favor.

La cultura, en cualquier caso, pese a no ser urgente, puede salvarnos, como decía, individual y colectivamente. El eterno debate del dinero público y la creación ha tocado techo. Quizá lo que necesitamos es que el dinero destinado a la cultura vaya a parar a manos del público. Es generando público como profundizaremos en el discurso: si la sociedad —creadora o no— tiene dinero para consumir cultura, no hará falta que la eduquemos ni la convenzamos de nada. Público creado, público que consume. Y la rueda precarizada de la cultura —creadores incluidos— se agilizará. El día que los creadores puedan, con sus propios ingresos, consumir cultura sin remordimientos, habremos dado con la fórmula.

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