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Dos miradas

'Barcelona soul'

Emma Riverola

Barcelona se mueve, está en el mundo, y, sin embargo, hay una cierta sensación de pérdida. El momento es delicado. El mercado siempre está dispuesto a comprar almas

Es difícil esto del alma… Barcelona se ha convertido en un potente polo de atracción de empresas tecnológicas y, por supuesto, de turismo. La ciudad brilla con luz propia para acoger tanto a gente de paso en busca de sol, como el talento más innovador. Ambos, tanto los visitantes puntuales como los habitantes perdurables, generan puestos de trabajo y resultan fundamentales para la economía. Sin duda, mucho más relevante el mercado tecnológico, nadie quiere ser un país de camareros. ‘Barcelona: sol, mar y start-ups’, tituló el 'Financial Times' en el 2014. Desde entonces, la instalación de multinacionales y pequeñas empresas no ha dejado de crecer.

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Barcelona se mueve, está en el mundo, y, sin embargo, hay una cierta sensación de pérdida. Como si la ciudad hubiera dejado de latir en un mismo pálpito y estuviera formada por varios seres cada vez más inconexos. Por un lado, un mundo hecho solo a la medida de los bolsillos más abultados. Por otro, los amplios espacios ocupados por turistas que engullen y escupen a los vecinos. También están los reductos subversivos, afloran aquí y allá, tratando de hacerse un sitio donde pueden, donde les dejan, pero no marcan el latido de la ciudad.

Barcelona siempre ha sido esquiva a las instituciones. Un cierto espíritu anarquista le ha impreso el carácter. Quizá no hay pérdida, quizá simplemente está mudando la piel. Pero el momento es delicado. El mercado siempre está dispuesto a comprar almas.
 

Temas: Turismo

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