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Cita con las urnas en Turquía

Todos contra el sultán Erdogan

Georgina Higueras

Las elecciones anticipadas del 24 de junio alumbran una sorprendente unidad de la oposición turca

Confiado en la división de la oposición, Recep Tayyip Erdogan adelantó 17 meses las elecciones presidenciales y generales turcas, que fijó para el próximo domingo, para garantizar tanto su permanencia en el poder como de la coalición gubernamental del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el ultraderechista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP). Sin embargo, su deriva autoritaria ha logrado aunar las fuerzas de sus enemigos que, por primera vez en 15 años, le ponen en jaque.

Primer ministro desde marzo de 2003 a agosto de 2014 y desde entonces presidente, Erdogan no imaginó, que en tan corto espacio de tiempo –el anuncio de las elecciones fue el 18 de abril—, el arco parlamentario opositor se diera la mano para tambalear su sillón. Por el contrario, su decisión pretendía esquivar que le pasara factura el deterioro de la economía turca y la creciente popularidad de Meral Aksener, la exministra del Interior que provocó en 2017 una escisión del MHP, denominada IYI (Partido Bueno).

Referéndum para una reforma presidencialista

Ante la pérdida sufrida por el MHP, el Gobierno temió que este partido no superase el listón del 10% que exige la ley para entrar en el Parlamento y la reformó para que se puedan formar coaliciones electorales. De esta manera, el votante elige un partido, pero en el recuento se suman las papeletas conjuntamente. La fórmula ha roto las reticencias de la oposición a unirse para fortalecer su reto al poder.

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Erdogan se empeñó el año pasado en una reforma de la Constitución para transformar el sistema político turco desde un modelo parlamentario a uno presidencialista muy centralizado. El referéndum, celebrado en abril, lo ganó por estrecho margen. Solo el 51,4% de los votantes se manifestó a favor de dejar todo el poder ejecutivo en manos del presidente, a quien se aumentó el mandato de 4 a 5 años.

La reelección de Erdogan sigue siendo lo más probable, aunque todo apunta a una incómoda segunda vuelta entre los candidatos más votados

Bajo la consigna de ‘Un voto a Erdogan es votar por la autocracia, vota por la democracia’, el Partido Popular Republicano (CHP), defensor a ultranza de los valores laicos de la república fundada por Mustafá Kemal Atatürk, ha formado una coalición electoral con el derechista IYI y el islamista Partido de la Felicidad (SP), en el que militó Erdogan antes de fundar el AKP. Más insólito todavía, fue que cuando el presidente convocó las elecciones, el CHP pidió a 15 de sus diputados que se unieran a los 5 del IYI para que pudiera formar grupo parlamentario, lo que le abría las puertas a participar en los comicios sin las trabas imposibles de salvar en dos meses.

Con decenas de periodistas encarcelados y los medios de comunicación amordazados y muchos comprados por grupos afines al Gobierno, Erdogan no dudaba de su reelección, que sigue siendo lo más probable, aunque todo apunta a una incómoda segunda vuelta entre los dos candidatos más votados. Además, la oposición podría hacerse con el control del Parlamento si, como indican las encuestas, el partido kurdo HDP logra superar la barrera del 10%, ya que uniría sus diputados a la coalición opositora.

Un país en una situación delicada

Con Erdogan en la presidencia y el legislativo en manos de sus enemigos políticos, la gobernabilidad sería muy difícil en un momento en que Turquía atraviesa una situación delicada. Por un lado, afronta serias dificultades económicas, con una fuerte depreciación de la lira, una inflación superior al 10%, un déficit presupuestario que el año pasado aumentó el 58% y un creciente desempleo de más del 10%. En el plano internacional, Ankara se debate entre el alejamiento de la Unión Europea que le exige mayores compromisos democráticos, el acercamiento a Rusia, que quiere jugar un mayor papel en Oriente Próximo, y su alianza con la OTAN y EEUU, con quien lucha contra el Estado Islámico en Siria. La toma por el Ejército turco, en marzo, de la ciudad siria de Afrín, en poder de las milicias kurdas, desató una ola nacionalista, que el presidente trata de utilizar a su favor con el anuncio de nuevas incursiones para alejar de la frontera a las YPG (principal milicia kurdosiria), que considera terrorista por sus vínculos con la guerrilla del Partido de Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ante esta perspectiva, la gran incógnita es si el sultán y sus afines recurrirán al fraude para llenar las urnas. La situación interna se lo facilita. Después de la fallida intentona golpista de julio de 2016, se ha renovado por séptima vez el estado de emergencia, que restringe las críticas al Gobierno y las manifestaciones, y mantiene en la cárcel a numerosos diputados, alcaldes y miembros del HDP. La ONG norteamericana Freedom House ha degradado la calificación del sistema turco de “parcialmente libre” a “no libre”. El adelanto electoral puede volverse como un bumerán contra Erdogan y su partido, que en marzo de 2019 tendrán que volver a las urnas para unas elecciones municipales en las que podrían perder incluso Estambul.

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