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Al contrataque

Buitres y muertos

Xavier Sardà

Alguien se tira por el balcón en pleno desahucio y uno tiene la sensación de que el resto de la actualidad se congela

El pasado jueves nos enteramos de que Jordi, un hombre de unos 45 años, se había suicidado en Cornellà, cuando iban a desahuciarle. Los Mossos y la comitiva judicial se encontraban en la puerta de su casa, cuando se lanzó al vacío desde un décimo piso.

Según lo publicado, Jordí y su pareja, María, vivían el piso desde el 2010, cuando firmaron un contrato de alquiler con el dueño. Este propietario tenía una hipoteca con el Banco Popular, que dejó de pagar.  El Banco Popular le vende la casa a un fondo norteamericano con los dos inquilinos dentro. El matrimonio no puede hacer frente al alquiler durante siete meses. Sí, la casa ahora es de un fondo estadounidense, entre otros.

Comprar 'ladrillo' con gente dentro

Blackstone gestiona propiedades inmobiliarias por valor de 184.300 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 28,7% interanual. En España, en los últimos años, ha crecido rápidamente dentro del campo inmobiliario debido a la operación de compra de varias carteras procedentes de diversos bancos. Vamos, que compran ladrillo a los bancos con gente viviendo en los domicilios. Lo que viene después, ya lo sabemos.

Quería escribir sobre el Gobierno y Europa, pero lo que me ha consternado es la noticia del suicidio. Podía escribir sobre los inmigrantes que por fortuna llegaran a València, pero no me quito de la cabeza al hombre que, justo cuando la policía llama a su puerta, se lanza al vacío.

En un primer momento, una voz desde la casa, les dice a los Mossos que van a abrir. Luego, gritos de María alertando de que Jordi había saltado por la ventana.

La portavoz de la plataforma contra los desahucios ha dicho: "Esto no son suicidios, son asesinatos, porque tienen que ver con la no acción en políticas de vivienda”.

En el 2016 aparecieron informaciones sobre los suicidios: casi 11 al día. La PAH dice que en la estadística no se cuentan las causas, pero que ellos consideran que la mitad pueden deberse a razones económicas.

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Otros dicen que no hay que hablar de suicidios porque se fomenta su aumento. Siguiendo este razonamiento deberíamos dejar de hablar de los aspectos más tétricos de nuestra sociedad, para evitar promocionar ciertas conductas. No tiene nada que ver, pero imaginemos que se aconsejase no hablar de malos tratos, de terrorismo o de corrupción, para que no aumentasen los casos.  Es una tesis que, aunque en ocasiones muy bien argumentada, nunca me ha convencido. Siempre se vislumbra una discutible vocación de negar la realidad y administrar los datos a favor de un simulacro idealista.

De repente, alguien se tira por el balcón y uno tiene la sensación de que el resto de la actualidad se congela, aunque sea un segundo. ¿Qué harán hoy los máximos accionistas de Blackstone? ¿Es demagógico preguntárselo?

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