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Un autobús de la Nova Xarxa de Bus de Barcelona.

ANDREU DALMAU

La decadencia del equilibrio

Albert Espinosa

Artículo 593.  Ayer conocí a una de esas heroínas que demuestra que cumplir años es siempre sinónimo de sabiduría. La tropecé en un bus que estaba lleno hasta los topes. Ella estaba sentada pero observaba a todo el mundo, escrutando quién estaba de pie pero debería estar sentado y quién sentado pero podría estar de pie.

Al final llegó a su parada pero antes de bajar hizo una proclama, dijo… Casi os lo cuento después de lo mejor de mi semana.

Tercer puesto. 'Cocina Vegana: Gastronomía' de Jean-Christian Jury (Editorial Phaidon). Un libro de cocina que supura felicidad. Es un viaje por la cocina vegana y las variaciones según los continentes y las costumbres.

Segundo lugar. 'Chaikovski vs Doctor Zhivago' (Palau de la Música). La Simfònica del Vallès logra una bello combate entre melodías que te aporta una paz y una serenidad  extraordinaria.

Primera posición. 'Conocer a Eloy de la Iglesia', de Carlos Aguilar (Filmoteca Vasca). Un bello libro que contienen unos artículos que te tocan el esófago. Un gran estudio sobre el mundo de un cineasta único y valiente.

El discurso para ceder asientos en el transporte público a los mayores debería recordarse a diario

Y lo que proclamó aquella señora fue lo siguiente: "Antes de bajarme, he de decir que me parece increíble que haya gente sentada que no llegue a los 40 y gente de pie que supere los 80. Llevo 89 años en este mundo y cada año que pasa, veo menos respeto. Yo me bajaré ahora pero espero que no solo por decencia sino por equilibrio para evitar fracturas y roturas, los de menos de 40 se levanten y los más de 80 se sienten…"

Y como en una película, la señora se bajó y se produjo un baile de asientos automático. Casi una veintena de aquellas personas sentadas se levantó y otra veintena más mayor se sentó. 

Se produjo un bello intercambio de asientos gracias a esas palabras dichas por esa heroína con el equilibrio justo entre el respeto y la indignación. No hay duda que ese discurso debería escucharse cada día en cada bus. ¡Feliz domingo!