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Análisis

Màxim Huerta explica los motivos de su dimisión, este miércoles en el Ministerio de Cultura.

DAVID CASTRO

La jauría son los otros

Albert Sáez

El breve ministro de Cultura, Màxim Huerta, se despidió indignado con "la jauría". Ciertamente, una exclusiva de un medio (digital) no lo hubiera pulverizado a la velocidad que lo hizo sin la ayuda de Twitter. Los datos sobre su fraude a Hacienda se diseminaron a la velocidad de la luz. Pero, ¿por qué dimitió Huerta o por qué fue forzado a hacerlo? Seguramente por un conjunto de factores. Unos endógenos, otros exógenos, unos relacionados con la mentalidad digital, otros vinculados al populismo político. En las narices de Huerta le estalló la exclusiva periodística multiplicada por algunas cargas de profundidad facilitadas por sus propios tuits y por los de quien le nombró, Pedro Sánchez. Pero en su dimisión también tuvo que ver el cambio de moralidad que nos trajo esta crisis de hace diez años. Hemos padecido en ella y hemos salido de ella con la moral protestante de Merkel. Y eso ha dejado huella. Con más cinismo en la derecha, con más esnobismo en la izquierda.

Lo curioso del caso es que Huerta en el momento de su adiós se olvidó de que fue "jauría" antes de ser ministro y que muy probablemente llegó a ministro por haber sido jauría. Sus tuits le persiguieron desde el primer día que saltó a la arena de la primera línea política. Sudó con sus intervenciones sobre el deporte y murió políticamente con esa terrible sentencia puesta en boca de un ministro: "Estar al día con Hacienda ya no se lleva". Seguro que cuando habló de "la jauría" no pensó nunca en sus tuits. Las redes esconden lo que Lévinas llamó la alteridad. Los avatares cosifican a las personas de manera que los usuarios no tratan a los demás como les gustaría ser tratados. Y lo lamentable es que lo virtual actúa como patrón de lo real. Y entonces se acaba con actitudes como las de ese sector que ahora domina la ANC que piensa en hacer listas negras de empresas contrarias a la "república". Nada más alejado de los valores republicanos. Y nada más parecido a esa España negra que tanto les gusta a ciertos independentistas porque no hacen otra cosa que imitarla. Ya lo dijo Sartre: "el infierno son los otros". Màximla jauría somos todos.