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El proceso para superar un contencioso

(Des)confianza entre Gobierno y Govern

Sonia Andolz

Para avanzar en la resolución de un conflicto es básico creer en la palabra del otro y en el cumplimiento de lo acordado

"Confianza y vida, solo una vez perdida". "El confiado sale burlado, el desprevenido queda lucido". Son solo dos muestras de la visión antropológica que culturalmente tenemos sobre confiar en otros. Que nuestra sociedad entienda la confianza como signo de debilidad define bien el escenario político en el que estamos y el enorme reto que supone la gestión del mismo, pero es absolutamente necesario cambiar esa forma de ver y entender los choques, al menos en política, para poder salir del atolladero.

Los que trabajamos en el análisis, la gestión y resolución de conflictos sabemos que partimos siempre con un hándicap: que ambas partes confíen en la tercera parte, el equipo de mediadores o especialistas que les puedan asesorar. Una de las condiciones más recomendables es que esa tercera parte no esté involucrada en el conflicto. Es decir, que no sea parte en él. Ha habido algunas excepciones: figuras religiosas, políticos retirados o incluso alguien famoso del mundo de la cultura, pero son contadas. Lo habitual y recomendable es que exista una voz no pública y respetada por todas las partes en el conflicto que cuente con la aprobación de estas.

Nuevo escenario tras la moción de censura

La razón es fácil de entender: quienes están dentro, difícilmente podrán alejarse de las emociones, los agravios, el daño percibido o su visión subjetiva de la situación. Es totalmente lógico y comprensible. En el nuevo escenario político tras la moción de censura al presidente Rajoy, podría parecer que la ahora ministra Batet pueda ser una pieza que mueva algo del puzle. Catalana, del PSOE y del Gobierno, puede contribuir a aportar una cierta apertura, pero no sería buena idea confiar en que pueda mediar, puesto que es parte totalmente implicada y con una visión muy concreta del choque y de la solución que ve. En cambio, sí podría ser la interlocutora con esa tercera parte, si la hubiera.

El siguiente paso, más difícil aún, es conseguir que las partes enfrentadas confíen las unas en las otras. Confiar no significa que estén de acuerdo. Ni siquiera legitimar sus objetivos, pero sí respetar y confiar en que cumplirán con lo que se acuerde a través de ese proceso. Lo que vemos en muchos conflictos es que las partes en realidad confían en que el mediador hará cumplir lo acordado. Conflictos políticos que se resuelven por mediación de alguna institución europea, por ejemplo. Conflictos económicos en los que intercede un banco central, una comisión de valores, una organización como el FMI. O conflictos armados en los que los acuerdos de paz se firman con un presidente norteamericano como anfitrión.

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Ante este nuevo momentum, con la llegada del nuevo Gobierno a la Moncloa y del nuevo Govern en el Palau, es prioritario restablecer confianza. No significa renunciar a los objetivos políticos de cada cual ni olvidar los agravios que cada parte siente propios, sino empezar por reconocer que la otra parte tiene un apoyo social que la legitima y que es un interlocutor válido en el escenario. Confiar en que la palabra acordada será respetada. Un básico mínimo para avanzar hacia otro escenario. 

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