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Suicidio en Cornellà

Desahuciado de la vida

Desahuciado de la vida

Sílvia Cóppulo

Urge aplicar las leyes de vivienda digna y pobreza energética, y que todos actúen con humanidad

Jordi R.F. saltó por la ventana. Vivía en un décimo. La comitiva judicial que llamaba a su puerta pudo levantar acta de que él mismo se había desahuciado de la vida. Antes, un montón de papeles. Los de la propiedad, el Banco Popular, que tras siete meses de impago del alquiler, reclamó al juez que dictaminara. Querían recuperar el piso del barrio de Sant Ildefons de Cornellà.  El electricista Jordi, desesperado porque con los trabajillos que le iban saliendo no podía sustentarse, pidió ayuda a los servicios sociales. El ayuntamiento redactó informes a su favor y en dos ocasiones consiguió parar el desahucio. Pero la tercera vez no llegó a tiempo. ¿De qué sirven los informes si no se leen desde el corazón? ¿Cómo es que el banco no sale al primer minuto para declarar que lo siente? ¿Serán capaces de ayudar a María, su mujer, que le llora en estado de choque?

Sería poco riguroso decir que la causa del suicidio es el desahucio. Pero es evidente que estamos ante una persona que, al no sentirse capaz de encontrar una salida cuando lo echaban de casa, se desesperó. Una casa es un hogar, la confianza, el calor del alma. El espacio que nos otorga la seguridad más esencial, donde crecemos y nos amamos. El lugar que habitamos con las personas que queremos compartir la vida. De donde no habríamos de salir para quitárnosla.

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El Parlament de Catalunya aprobó las leyes de vivienda digna y pobreza energética. Incluso dio salida a multar a los bancos que tenían pisos vacíos para poderlos ofrecer a las personas más vulnerables. El Gobierno del PP, sistemáticamente, llevó esta legislación al Constitucional. 'Esas competencias son suyas', argumentó, A pesar de las impugnaciones del TC, es urgente que estas leyes se apliquen. Pero, con todo, si no nos sentimos interpelados humanamente, si no vemos a personas cuando leemos palabras en los papeles, si no interpretamos los silencios en las voces de los que poco hablan, no evitaremos que más Jordis salten por la ventana. 

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