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EL MUNDIAL DE RUSIA

España confirma su fortaleza mental pese al empate final de Cristiano

Aunque la exhibición de pegada superlativa del goleador por antonomasia de los tiempos modernos frustró una remontada múltiple de enorme mérito, España demostró al mundo su resiliencia a prueba de incendios. Se levantó con tremenda personalidad tras dos golpes durísimos en el contexto de una semana tormentosa. Era fácil acusarlos y entrar en un bucle mental de malos pensamientos, impotencia y reproches. Primero, un penalti en contra tan pronto. Después, un error del portero antes del descanso cuando parecía que ya se le había dado la vuelta a la tortilla. El tercero, tras el obús perfecto de Cristiano, ya no tuvo respuesta, entre otras cosas porque no quedaba tiempo. ¿Pero quién se atreve a decir que, de haber existido un tercer tiempo, no habríamos asistido a una enésima resurrección? Este grupo de campeones se diría que es ajeno a la dureza de la vida.
 

Se rebeló España contra su destino fatal de manera colectiva, adueñándose de la pelota y moviéndola con muchos jugadores cercanos por dentro. Pero gritaron presente dos individualidades sin bagaje de victorias con la selección. Y esa es la segunda gran noticia. Diego Costa lideró las dos reacciones con sus goles. El primero, de hecho, lo anotó antes de que el equipo empezara a ser superior, provocando el cambio de guión del encuentro con su potencia arrolladora. Es especialmente positivo integrar al de Lagarto en una dinámica positiva con la camiseta nacional, porque hemos escuchado demasiadas veces que su carrocería pesada no mezclaba con la suavidad del patinaje artístico prototípico del fútbol español. 

El segundo nombre que sale reforzado es el de Nacho, cuya fiabilidad le convertía en un imprescindible en la lista de 23 por muy suplente que sea en el once de gala del Madrid. No se vino abajo el día en el que el vértigo podía devorarle y convirtió la frustración de la prematura pena máxima en ímpetu y atrevimiento para perseguir el golazo que se presumía ganador. 

Acierto con Hierro

Escribíamos la semana pasada, antes de todos los sucesos de Krasnodar, que España era la principal favorita en este Mundial. La destitución de Julen Lopetegui no beneficia en nada, pero la nómina de jugadores sigue siendo la mejor del Mundial. La elección de Fernando Hierro ha sido un acierto tras todos los despropósitos anteriores y el legendario exjugador del Madrid se ha esforzado en procurar que la digestión del trauma se afrontara desde el positivismo y la serenidad. Yo no retiro mi apuesta.

Asistiremos ahora al debate de la portería. De Gea falló, es evidente, en el 1-2. El 3-3 es el típico gol que si ya te has equivocado antes dirán que podías hacer más porque ni te tiras, pero que si estás firmando un partidazo se coincidirá en que era un golazo sin responsabilidad. Sería absurdo, cuando has elegido a un portero titular y está consolidadísimo en el puesto, empezar a cuestionarte cambiarlo tras un error, por grosero que sea. O aunque sean dos -si el del amistoso de Suiza también se quiere usar como argumento-. Suficientes terremotos hemos vivido esta semana como para cambiar ahora también al portero.

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