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Al contrataque

Quim Torra en la concentración en la plaza de la Catedral por los siete meses en prisión de los políticos independentistas. 

CARLOS MONTANYES

Se han de aclarar

Antonio Franco

Si el independentismo define qué quiere en esta legislatura, en vez de perder el tiempo empezaremos a ganarlo

En las dos últimas semanas el centro de gravedad de la política catalana se ha desplazado y no consiste tanto en actuar en Barcelona, Berlín o Bruselas como en mirar qué pasa en Madrid. No, no es ningún sucursalismo. Se trata de  un tiempo de espera. Los independentistas intentan calibrar en primer lugar la consistencia de los primeros pasos de Pedro Sánchez y su capacidad de defender ante la caverna decisiones como finalizar el control excepcional de las cuentas de la Generalitat. Un segundo tema: tratar de ver si el PP reflexiona de verdad sobre lo que le ha pasado y si su contrataque será hacer una oposición tan irracional como la que efectuó M Punto Rajoy años atrás para descabalgar a Zapatero. El tercer objeto de atención es descifrar el patético y mudo desconcierto de Ciudadanos tras perder de golpe la 'pole position' preelectoral que ya creía conseguida. Y hay una cuarta cuestión: adivinar por dónde saldrá Podemos para que los socialistas no consoliden el liderazgo moral de la izquierda que han recuperado desde la moción de censura. ¿Intentará Pablo Iglesias matar a Pedro Sánchez con besos tornillo (de acero) o preferirá encogerle a la brava?

Pulso interno en el soberanismo

De momento, el soberanismo prefiere mirar a Madrid a empezar a aclararse sobre lo que quiere para esta legislatura autonómica. Practica una política declarativa casi siempre intrascendente, aunque se le escapan perlas como el reconocimiento de la señora Ponsatí de que todo lo que pasó en octubre fue una partida de póquer jugada de farol. Y pone en circulación, quizá a título de globo sonda, ideas como la de que sus diputados en Madrid no se involucrarán en la tarea de empezar a pensar qué cambios constitucionales necesitamos. Todos percibimos un complejo pulso entre quienes creen necesario gobernar Catalunya lo mejor que se pueda, avanzando dialécticamente hacia la independencia, pero sin correr el riesgo de ir a la cárcel, y ganar tiempo conviviendo con las instituciones españolas, y quienes desean regresar cuanto antes a los enfrentamientos con desobediencia y bronca.

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Insisto: se han de aclarar. Lo necesitamos los ciudadanos catalanes de todos los colores, pero también el resto de España, para que le sea posible rehacer su actitud con respecto a nosotros. De momento hemos tenido un dato significativo. Puigdemont, quizá por aquello de 'cuanto peor mejor', pidió que no se apoyase la moción de censura de Sánchez. Los suyos le desatendieron con la menor ostentación posible. Eso ha traído de la mano que, además de cesar la vigencia del 155, ya esté suprimido el control añadido sobre la finanzas (lo que permitirá que el Govern gobierne de verdad),  y creo -hago un pronóstico- que pronto tendremos alguna novedad sobre los políticos presos. Tal vez en vez de perder el tiempo empecemos a ganarlo, pero el soberanismo debe irse aclarando.