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ANÁLISIS

Màxim Huerta, en la Feria del Libro de Madrid.

EFE / JAVIER LIZÓN

Las jaurías y los libros

José Luis Sastre

La dirección del PP vive dentro de una novela como quien vive dentro de una canción

Mientras desmontaban las casetas de la Feria del Libro de Madrid, de los pocos sitios que visitó Màxim Huerta como ministro, la literatura corrió a instalarse por otros rincones de la ciudad. Corrió, por lo pronto, al hotel en que Mariano Rajoy puso fecha a su salida del PP y se dijo víctima de la ficción: a él lo habían echado por una serie de mentiras, independentistas casi todas. "La dignidad de un político nace de la confianza que los electores le conceden y Pedro Sánchez es el primer presidente que no cuenta con la confianza de los españoles en las urnas".

Eso dijo Rajoy, crítico a estas alturas con las normas de la democracia parlamentaria y representativa, mientras pedía a su partido un debate de altura. En ese mismo instante, se conoció otra sentencia por la Gürtel, pero Rajoy decidió ignorarla para ponerse a hablar de dignidad. La dirección del PP vive dentro de una novela como quien vive dentro de una canción y, en esa realidad, no existen las sentencias ni existe la corrupción, sino una conjura que incluye un pacto "filoterrorista", por usar la expresión que una diputada del PP dejó esta misma semana en la tribuna del Congreso.

Luego la literatura acabó por tomar la realidad y sucedieron todas las cosas de pronto. Ciencia ficción. El cuñado del Rey fue al juzgado, el Gobierno recién nombrado alargó su luna de miel, el Madrid anunció que fichaba al seleccionador a las puertas del Mundial, pillaron al ministro de Cultura y Deporte, echaron al seleccionador, se acabó la luna de miel, al cuñado del rey le dieron cinco días para escoger prisión, pusieron a otro seleccionador, se fue el ministro, nombraron a otro y hasta cambiaron al presidente de El Corte Inglés. La realidad dura menos que uno de los cuentos de Augusto Monterroso.

Reverberación literaria

Huerta, que escribe libros, hinchó de palabras su despedida para que no pareciera que se marchaba por fraude o por "ejemplaridad", que es lo que había pedido Pedro Sánchez a su Gabinete. Y Huerta dio con un concepto de reverberación literaria: jauría. Dejó la teoría por desarrollar y no hubo manera de saber si la jauría a la que aludía eran los demás, eran los vídeos antiguos de Sánchez o eran los propios tuits del exministro. La jauría sería un buen título para una novela –quizá un cuento–, aunque la realidad sea mucho más prosaica.

Cuando no quedaban rastro de las casetas ni de los libros en el Parque del Retiro de Madrid, la literatura ya había tomado lo demás. A esas horas, Rafael Hernando había afeado varias veces a Sánchez que no conociera el pasado de sus ministros y que hubiera tardado horas en hacer caer a Huerta. Hernando, al cabo, vive donde Rajoy, que debe de ser un lugar extraño e irreal, como Comala o Macondo, donde han decidido ignorar el exterior.

Allí, en Villa Recuperación, no se sabe nada del exministro José Manuel Soria, de Rodrigo Rato, de Francisco Camps, de Ignacio González, de Francisco Granados, de las ranas y de esas personas de las que usted me habla. Por eso se permiten ofrecer consejos como si escribieran libros de autoayuda. Pero el listón es ese: que haya quien no tenga autoridad para dar lecciones no quita que pueda tener razones. Y, en ocasiones, hasta razón.

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