ANÁLISIS

La culpa es del antimadridismo

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Lopetegui y Pérez, durante la presentación del técnico vasco como entrenador del Real Madrid

Lopetegui y Pérez, durante la presentación del técnico vasco como entrenador del Real Madrid / JOSE LUIS ROCA

Cuesta creer que el presidente del Real Madrid, solo tres semanas después de tocar el cielo ganando la decimotercera Copa de Europa se vea obligado a hacer un ejercicio de victimismo como el vivido en la presentación de Lopetegui como nuevo entrenador. Florentino llegó a decir que “ha llegado el momento de que los madridistas hagamos frente a esa corriente que busca perjudicar la imagen del Real Madrid”.

Antes de esta llamada a la cruzada blanca, cumplió con el guión previsto y atizó al presidente de la RFEF Luis Rubiales, a quien achacó una “absurda reacción de orgullo malentendido alimentada por algunos malintencionadamente”. Vaya, a quién se le ocurre cabrearse viendo cómo te levantan al entrenador que acabas de renovar por dos años hace tres semanas, a tres días de empezar el Mundial, sin siquiera comentárselo al presidente de la federación hasta cinco minutos antes de anunciarlo y decidiendo unilateralmente cómo y cuándo comunicarlo… ¡Si es que Rubiales se cabrea por cualquier cosa!

La tramoya del acto

Viendo cómo preparó el acto el club y el momento emocional del ex seleccionador, “ayer fue el peor día de mi vida tras la muerte de mi madre y hoy es el día más feliz”, pensaba en la sana y lógica intención de arropar a Julen con dosis de cariño para superar un momento tan bipolar como éste. Y así discurría todo, rodeado de su familia, con un vídeo de sus mejores momentos, con el discurso del presidente y la emoción a flor de piel de Julen, muy dolido y triste al principio pero orgulloso de ser “leal a mi responsabilidad, cosa que aprendí en este club”.

Llegó el turno de preguntas, abrió RMtv, siguieron otros hasta que alguien rompió la magia (va a entrenar a Cristiano, ¿es para usted el mejor del mundo?).  Y siguió un gran abucheo por parte del público asistente. Lopetegui se desmintió a sí mismo sin rubor ”el mejor del mundo está en este club” y el abucheo se convirtió en ovación.

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De repente estábamos en una grada cualquiera en lugar de asistir a un acto institucional. Esta vez no hubo presentación y luego rueda de prensa. Fue todo junto, los periodistas de pie en un lateral. Sentados la familia de Julen, la directiva del club, exjugadores empleados como Raúl o Arbeloa y socios y aficionados que tuvieron acceso al acto. Guardia pretoriana para “defender al club”. Nadie preguntó si habiendo hecho las cosas de otra manera, yendo de frente, manejando otros tiempos y respetando a la RFEF, Julen estaría sentado mañana en el banquillo de España.

Una pena.