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La situación económica mundial

Tambores y temblores

Tambores y temblores

Josep Oliver Alonso

Asusta la combinación del final de estímulos monetarios y el escaso margen de maniobra para afrontar otra recesión

Decíamos hace un par de semanas que nuestra economía iba bienaunque algunos legados de la expansión y la crisis (deuda privada, pública y exterior) continuaban ahí. Era un recordatorio pertinente a cuenta de los problemas que se otean. Los primeros temblores han aparecido en países, como Argentina o Turquía, que aprovecharon los bajos tipos de interés para endeudarse en dólares y, como botón de muestra, retengan que Argentina ha recibido el mayor auxilio financiero de la historia del FMI (50.000 millones de dólares). Lo sucedido refleja el aumento del precio del dinero en EEUU, tanto por la política de la Fed como por el gigantesco déficit público que generará la rebaja fiscal de Trump. En suma, un dejà vu ya muy conocido: depreciación de las divisas, elevación de tipos de interés y ajustes fiscales para sostenerlas e inevitable recesión, una secuencia que puede podría extenderse a Brasil, India, Indonesia, Venezuela o Sudáfrica.

¿En qué nos atañen esos cambios? Mucho, y por cuatro importantes razones. Primera, ese cambio anuncia el final de la etapa de alzas en los precios de los activos (financieros o inmobiliarios). Como dijo John F. Kennedy, la marea alta levanta todos los barcos: y la inundación de liquidez mundial es eso, una enorme marea. Traducido al román paladino: desde el 2008, la caída de tipos se ha traducido en la búsqueda de rentabilidades más altas, con la compra de activos de mayor riesgo (bolsas, deuda o activos físicos en países emergentes o avanzados). El alza del mercado inmobiliario europeo se explica en parte por esa política. Y lo mismo sucede con la deuda pública: las compras del BCE han deprimido su rentabilidad, consiguiéndose el milagro de que el Tesoro español pudiera emitir letras a menos de 1 año a tipos de interés ¡negativos! O situando la deuda a 10 años en un reducido 1,5%, inferior al 3% en el que hoy se sitúa la de los EEUU. Lo nunca visto. Pero la política americana de dinero barato ha llegado a su fin, y ello se está ya notando, hasta hoy en los activos de los países emergentes.

Comprar deuda

Segunda, porque estos tipos de interés, demasiado bajos durante demasiado tiempo, reflejan un enorme aumento del activo de los bancos centrales, que se han dado un atracón comprando deuda, básicamente pública (por valor de 2,3 billones de euros por parte del BCE y de 3,2 billones de dólares por la Fed). Eso quiere decir que no podrán repetir la jugada anterior cuando se presente una nueva recesión, porque antes de poder volver a la compra tienen que reducir su activo: para engordar de nuevo, primero hay que adelgazar. En suma, la banca central, la que realmente salvó la situación tras la crisis financiera, tiene hoy la pólvora mojada. No lo vayamos a olvidar cuando las cañas se vuelvan lanzas.

Tercera, porque los gobiernos han salido de la crisis con una abultada deuda pública, que precisará de una larga etapa para su reducción y que podría alargarse si el crecimiento flaquea y/o los precios no acompañan. El caso de España es paradigmático: una deuda pública del 35% del PIB en 2007 dejaba mucho espacio para la actuación pública gubernamental; el 100% de hoy lo tiene totalmente agotado.

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Finalmente, por los prolegómenos de una peligrosa guerra comercial, como indica lo sucedido la pasada semana en Canadá, en la reunión del G7. Desde los EEUU, se apunta a algo muy grave: una política que querría socavar la alianza transatlántica; y las posiciones de su embajador en Alemania, Richard Allen Grenell, apoyando públicamente a la extrema derecha, no permiten ser optimistas acerca de sus verdaderas intenciones. En todo caso, las amenazas de guerra comercial han dado un salto de escala. Tras la imposición de aranceles por los EEUU a las importaciones de acero y aluminio europeos, ¿qué hará la UE el 1 de julio? ¿Elevará los suyos? Y, en represalia, ¿impondrá Trump barreras a las importaciones de vehículos de Europa, Canadá o México? ¿Y qué sucederá con el conflicto comercial chino-americano? Sea cual sea la solución, este embrollo comercial pinta pero que muy mal.

Asusta la combinación del final de estímulos monetarios, escaso margen de maniobra para afrontar otra recesión (tanto de gobiernos como de bancos centrales) y amenazas de Trump al crecimiento global. Por ahora son tambores lejanos. O temblores de baja intensidad. Pero, aunque el día parezca radiante, no se confíen en demasía: en la economía cíclica del capitalismo, las crisis siguen siempre a la prosperidad. Es algo muy, pero que muy viejo: hace más de 150 años, ya lo había advertido Karl Marx.

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