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LA RUEDA

ENTRENO DE LA ROJA. Moreno, Costa y Piqué, en Las Rozas.

JAVIER LIZÓN (EFE)

Del escaño al banquillo

Jordi Puntí

Hay pocos territorios en los que la politización del fútbol tenga tanto campo para correr como en España

Hará unos tres años ya que oí hablar por primera vez de la “futbolización de la política”. La expresión, escrita por Ramon Besa en uno de sus artículos, era exactísima y clarividente, y se refería tanto a las formas de celebrar la victoria electoral por parte del PP, como a la defensa de una ideología desde la militancia pasional, incondicional, que muestran hoy la mayoría de partidos políticos.

Españolidad

Lo vimos hace unos días, por ejemplo, con todo el bullicio de la moción de censura contra Mariano Rajoy y su gobierno, y con las reacciones que provocaba en los políticos. De hecho, incluso podríamos establecer una competición de españolidad entre los partidos de la derecha: Rajoy terminó su intervención en el debate de la moción con un “yo voy a seguir siendo español”, que era la versión obvia del mismo orgullo patrio que Albert Rivera explotaba en clave esotérica, cuando decía en un mitin: “Yo veo españoles...”.

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Estos días, con el Mundial de Rusia, viviremos la otra cara de la moneda y asistiremos a la politización del fútbol. Los entramados de la geopolítica mundial siempre florecen cuando el azar enfrenta a dos selecciones aparentemente distantes, y sólo podemos intuir los conflictos diplomáticos que puede sublimar un Rusia - Arabia Saudita, partido inaugural, o las tensiones coloniales de un posible Inglaterra - Australia.

De todos modos, hay pocos territorios en los que la politización del fútbol tenga tanto campo para correr como en España, precisamente por culpa de esos políticos que viven al borde del hooliganismo. Lo veremos en Barcelona, ​​sobre todo, después de que Ciudadanos haya insistido en poner una pantalla gigante para seguir los partidos de la roja y poder cantar a pleno pulmón aquello de “a por ellos, oe”, etcétera. E incluso la maniobra de última hora de Florentino Pérez, para fichar a Julen Lopetegui como entrenador del Real Madrid, está tocada de una prepotencia de nuevo rico que huele a centralismo rancio, como de quien gobierna por Real Decreto. Claro que si la selección española no gana este Mundial, siempre quedará la opción de silbar Piqué.