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cita histórica

Trump hizo bueno a Kim

Georgina Higueras

Que los dos mayores manipuladores del planeta se comprometan a trabajar juntos no tranquiliza a nadie

Debemos alegrarnos de que Trump haya cambiado el ataque preventivo que barajaba contra Corea del Norte por esta cumbre en la que ha descubierto que Kim Jong-un no es el dictador estalinista que nos imaginábamos sino “un hombre muy talentoso (…) que ama mucho a su país”.

Ojalá el mundo fuese hoy más seguro y se hubiese desterrado el fantasma de una guerra. Sobre el papel hay un acuerdo firmado por Trump Kim para “trabajar juntos en la desnuclearización de la península coreana”. Que los dos mayores manipuladores del planeta se comprometan a trabajar juntos no tranquiliza a nadie.

La comunidad internacional asiste atónita y desconcertada al peligroso juego de alianzas del líder del mundo libre, que da una patada a Canadá, su vecino y socio fiel, y estrecha la mano de quien llamó, el 27 de septiembre del 2017 ante la Asamblea General de Naciones Unidas, líder de “ideologías fallidas” y “terrorista perdedor”. La gran incógnita de esta cumbre es cuánto tiempo va a durar el amor eterno que se han jurado los dos pistoleros.

Crucemos los dedos para que el Pacífico haga honor a su nombre y soplen vientos apaciguadores sobre sus costas hasta que unas nuevas elecciones estadounidenses sienten en la Casa Blanca a un dirigente en el que podamos confiar o que al menos sea previsible. A partir de entonces, podremos creernos que la diplomacia y los buenos oficios de la nueva Administración conseguirán tejer, junto con el apoyo de la comunidad internacional, un entendimiento que ponga fin a las amenazas nucleares de Pionyang, estabilice la región, impulse el bienestar de los 23 millones de norcoreanos y avance hacia la reunificación de la península.

Estados Unidos y Corea del Norte alcanzaron en 1994 y 2005 similares acuerdos al texto firmado en Singapur después de cinco horas de reunión, pero luego cada uno interpretó a su manera el documento. Lo pactado se hizo añicos y el régimen norcoreano reforzó su voluntad de dotarse de armas atómicas para defenderse de una eventual agresión del Pentágono.

Magnate fanfarrón

Desde que subió al poder tras la muerte de su padre en 2011, Kim Jong-un se ha mostrado implacable tanto con su gente como en su voluntad de dotarse de armas nucleares y nadie espera que se haya dejado obnubilar por la promesa del magnate fanfarrón de enriquecer su país. Sobre todo porque Trump no ha dudado en tirar por la borda el acuerdo alcanzado con Irán por los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania. Además, días antes de esta cumbre se permitió, como había hecho antes su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, comparar el futuro de Kim con el de Muammar el Gadafi, quién canceló su programa nuclear a cambio del reconocimiento internacional de Libia, pero después la OTAN bombardeó el país y permitió que asesinaran al presidente.

La cumbre ha sido “honesta, directa y productiva”, dijo Trump en la conferencia de prensa posterior, tras declarar a la cadena de televisión estadounidense ABC que confía en Kim Jong-un y que este confía en él. Lo malo es que hasta ahora ninguno de los dos ha demostrado ser un líder en quien la comunidad internacional pueda depositar su confianza.

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