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LA HOGUERA

Buenistas y malistas

Juan Soto Ivars

Acuñemos ya el término 'malista', que hará referencia a quienes tienen por toda moral el cálculo utilitario

Pedro Sánchez se ha ofrecido a meter en Valencia un barco con más de seiscientos migrantes que Italia había dejado a merced del resto del mundo tras la heroica decisión de su nuevo viceprimer ministro, Matteo Salvini, que todavía no sé si se educó en la escuela de Trump o en la de Mussolini. Claro: la derecha tuitera no ha tardado ni diez segundos en acusar a Sánchez de producir efecto llamada y buenista.

Sobre el efecto llamada poco se puede decir. Si un país trata bien a los necesitados, lo lógico es que más necesitados intenten llegar a ese país, como ha pasado con Alemania y Holanda durante la crisis de los refugiados sirios. Esto, sin embargo, no va de un día para otro. España ha ensartado en concertinas y disparado pelotas de goma a suficientes personas como para que la mala fama nos acompañe un tiempo. Todavía hay “marca España” que limpiar. No habrá buena fama mientras no cierren esos monstruosos Centros de Internamiento.

Bueno y malista

La decisión de Pedro Sánchez es, simplemente, buena. Según explica la Faes de Aznar en un documento de 2005, “buenismo” es la actitud pacata de una izquierda ingenua y bienintencionada que no calcula las consecuencias de sus gestos humanitarios. Sirva este artículo para acuñar desde ya el término “malista”, que hará referencia a quienes, como los de Faes, tienen por toda moral el cálculo utilitario y creen, como Rajoy, que “una cosa es ser solidario y otra es ser solidario a cambio de nada”.

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Pero la decisión de Sánchez es, además, patriótica. A unos (hay muchos malistas en este grupo) les basta ver la bandera o el himno para que les entre el ardor patriótico. Otros necesitamos buenos actos de nuestro país para sentir algo parecido a ese orgullo. ¿Buenistas? Ja. Si hay un perro apaleado en la carretera que mira pasar a los coches, nadie duda en que la decisión buena es recogerlo, curarlo y mañana se verá. ¿Qué pasará mañana con esas seiscientos personas? ¿Vendrán otras seiscientas? El malista no dudaría en solucionar este problema con su indiferencia. Nadie dijo que la bondad fuera fácil.

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