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LA CLAVE

Puigdemont, con las conselleres Ponsati y Serret, el 7 de noviembre en Bruselas

AFP / EMMANUEL DUNAND

Puigdemont cesó al 'conseller' Baiget por admitir que no habría referéndum; no consta que haya destituido a la "'consellera' legítima" Ponsatí por confesar que el 'procés' fue un engaño a los independentistas

"El Estado tiene tanta fuerza que probablemente no podremos hacer el referéndum. ¿Se aprobará una norma para que se pueda hacer? Sí, pero en el minuto 1 llegará la suspensión. "Quizás tengamos que hacer algo diferente, que se puede parecer al 9-N." Por estas palabras, pronunciadas en julio del 2017, el 'conseller' Jordi Baiget fue fulminantemente cesado por el 'president' Carles Puigdemont. Otros impuros cayeron con él, al grito de "prietas las filas". 

"Lo que pasó, todos lo sabemos: estábamos jugando al póquer e íbamos de farol", confesaba el sábado Clara Ponsatí desde su retiro escocés. No consta que Puigdemont la haya destituido como "'consellera' legítima", si tal título tuviera valor alguno.

Había que ser muy valiente, en vísperas del 1-O, para reconocer que la promesa del referéndum como antesala de la república era, sencillamente, un fraude. O, por pasiva, había que ser muy cobarde para guardar silencio y seguir soliviantando a las masas a sabiendas de que la votación sería estéril, en el mejor caso, y que incluso podría comportar riesgos físicos, como finalmente sucedió.

Imposible explicarlo mejor que Najat El Hachmi: "No saldrán los millones de catalanes independentistas a protestar contra el engaño de sus dirigentes que tan vehementemente afirmaban que todo estaba preparado. A quienes osábamos preguntar cómo lo harían nos acusaban de traidores de la patria (...) Toda la angustia, el sufrimiento, la falta de acción de gobierno, todas las esperanzas frustradas. Todo un farol."

UNA RESPUESTA

Cartas boca arriba. Ni el 1-O --42% de participación, según sus organizadores-- brindó un "mandato democrático" para declarar la independencia, ni la proclamación de la república en el Parlament, el 27 de octubre, surtió efecto alguno. Concurrió el independentismo a las urnas autonómicas del 21-D y estas alumbraron un 'president' y un Govern autonómicos que, renegando de tal condición, exigen ahora a Pedro Sánchez "una oferta que dé respuesta al pueblo catalán".

Si en el póquer la pareja vale menos que el trío, en democracia menos de la mitad del censo no es "el pueblo catalán". De farol, otra vez.

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