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ANÁLISIS

Nadia Calviño, ministra de Economía.

Prosperidad inclusiva

Albert Sáez

La presidenta del Santander, Ana Botín, lanzó la semana pasada un interesante concepto: "prosperidad inclusiva". Una buena síntesis con semántica contemporánea de lo que tras la Segunada Guerra Mundial llamaron "contrato social". Botín lanzó esta idea poco después de bendecir el nombramiento de Nadia Calviño como ministra de Economía del flamante gobierno Sánchez. Ortodoxia presupuestaria para intentar liderar la nueva etapa de la Unión Europea que hace frente a los populismos que ya han ganado, como el italiano, o a los que podrían hacerlo como el español. Botín se mostró igualmente partidaria de la mutualización de la deuda pública en la zona euro, la misma semana que París y Berlín pactaban las bases de un seguro de desempleo supraestatal. Algo se está cociendo en Europa, esa Europa que en algo ha cocido también lo que ha pasado en España. Por eso Sánchez ha hecho bien en calificar a su gobierno de "europeísta". Puede que sea en los próximos meses mucho más que una etiqueta. Y que el sucesor de Rajoy se coloque en la misma linea desde el flanco conservador.

La deuda, el seguro de desempleo, la ortodoxia, la solidaridad serían la concreción de lo que podría significar la "prosperidad inclusiva". Porque de lo que se trataría no es de asegurar el crecimiento por la vía de la reducción de impuestos (modelo Aznar) o por la vía de los estímulos monetarios (modelo Zapatero). La gracia del concepto es que no hay una sin la otra. La prosperidad no es tal si no es inclusiva y la inclusividad es inviable si nace en una economía próspera. Si Europa emprende este camino será sumamnete resistente a las estupideces de Trump, más propias del siglo XVIII que del siglo XXI.  Las pataletas del presidente de los Estados Unidos siguen poniendo en peligro el crecimiento (la prosperidad) de ese gran país al que quiere encerrar en un muro pensando que así será inclusivo. Nada más lejos de la realidad. El proteccionismo siempre es la antesala de la violenciaDonald Trump sabe lo que hace. Y Ana Botín también. 

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